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Archive for 26 junio 2009

DESVENTAJA

Mirella tiene 14 años de edad y está en la secundaria. Dentro de cuatro meses, cumple los quince años. Su papi quiere celebrarlo en el Salón Rosado de la Tropical. Ya comenzaron los planes y algunos preparativos. Todo no se puede dejar para el final. La niña está sintiendo a plenitud toda su adolescencia, incluso, la llegada de su primer amor.

En las tardes Mirella se viste y pasea, con las amigas por el barrio. Short y blusas escotados empiezan arrancarles miradas a los hombres. Esta creciendo, todos se dan cuenta, pero ella quiere llamar la atención de uno en particular.

A menudo, en sus paseos vespertinos, pasa frente a la casa de su amor, Michael. Un joven de 18 años desvinculado de los estudio y del trabajo, que en las tardes, siempre está en los alrededores de la escuela. El príncipe de sus sueños, el que le roba el último suspiro cuando en las noches recuesta su cabeza en la almohada.

Risas indiscretas entre las amigas, cada vez que Michael la mira fijamente a los ojos. El joven le coquetea. A ella le gusta, pero no sabe que hacer ni como comportarse. Le tiembla cada uno de los músculos de su cuerpo. Por el momento se siente ridícula, pero no importa, se deja llevar.

Luego, la cosquilla en el estómago, lo siente cerca. Está frente a ella, le falta el aire y no atina a moverse. El nerviosismo pone rígidas las facciones de su rostro, siente que se va a desmayar. Su aliento está en sus pulmones. Le ha robado todas sus fuerzas. No hubo palabras, sólo miradas. Un profundo beso, despertó en su interior, un calor que antes jamás había sentido.

Así fue como comenzó Mirella, el noviazgo con uno de los muchachos más populares, entre las adolescentes de su escuela. Llevaban juntos un mes, cuando él, le exigió satisfacer sus necesidades de hombre. Ella recordaba cada una de las palabras de su madre al respecto, pero no lo quería perder. A la mañana siguiente sale de casa, pero no llega al colegio. Todo está preparado, los padres de Michael están trabajando.

Ya todo pasó, había imaginado diferente su primera vez. Esperaba más paciencia y ternura. Sólo encontró la furia de un deseo reprimido. Cierra los ojos, recuerda el dolor y la inclemencia ante su llanto y quejidos. ¡Menos mal que usó protección!

Ayer fueron los quince de Mirella. De su rostro se había borrado la inocencia de hace cuatro meses. Ella y Michael habían terminado, después que el grabara su primera vez, con una cámara de video que había en su cuarto. Ahora su momento íntimo, valía un peso moneda libremente convertible (CUC) y estaba en todos los celulares de los muchachitos de la escuela y del barrio.

Así terminó la historia de su primer amor. Para ella fue una relación con desventaja, para él, simplemente, otra más de sus conquistas.

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Los Quince de Lilo

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La situación a finales de los noventa, cambió radicalmente. El dólar bajo de precio, 25 pesos moneda nacional por uno. La inflación disminuyó. La remesa y ayuda del exterior empezaron a llegar. Muchas familias, desde el extranjero, asumieron los gastos de las fiestas de quince de sus familiares allegados en Cuba.

La ostentosidad comenzó a verse. Foto-montajes, alquiler de salones en hotel, etc. Sin embargo, esa situación no se generalizó, ni la suerte llegó a todas las niñas que cumplían 15 años. Yamara, la esposa de mi cuñado, cumplió quince en el 2000 y no tuvo fiesta ni fotos.

Lilo es una niña que tiene hoy 10 años, y en el 2014, cumplirá sus quince. No es difícil predecir lo que pasará en esa época. Hoy, su padre, un joven de 33 años de edad, ya es un alcohólico. Trabaja la albañilería y en lo que aparezca, pero todas sus finanzas son para embriagarse.

Su madre la tuvo con 15 años de edad, abandonó los estudios y no trabaja. ¿En medio de una crisis financiera internacional y un período especial agravado, habrá ahorros para la fiesta y las fotos de Lilo? Su única esperanza es que su tía paterna, hoy residente en los Estados Unidos, asuma los costes de sus quince.

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Mis Quince

Yo no tuve fotos ni fiesta de quince. Mis padres no pudieron ahorrar. Mi madre, con mil sacrificios y pagando a plazos, me compró un solo vestido. En 1995, la situación económica del país era precaria. Un dólar costaba alrededor de 80 o 100 pesos. Decidimos entre las dos, vender las cajas de cerveza que daban para la ocasión, por la libreta de abastecimiento.

Le sacamos alrededor de cincuenta dólares, no recuerdo bien la cifra exacta. Pero en mi familia todos teníamos necesidad, y decidí que cada uno, nos compraríamos algo. Para mis dos hermanos, un par de zapatillas. Para mi mamá, un pantalón. Yo, una muda de ropa y un par de zapato. Eso fue todo en mis quince.

Los quince de mi amiga

Mi amiga si tuvo fiesta y foto de quince, pero no quiere acordarse de ese día. No le enseña sus fotos a nadie. Dice que le da vergüenza. Su padre ahorró, pero no lo suficiente. Una vecina solidaria, muy amiga de su madre, con unos 20 años mayor que ella, se ofreció para prestarle ropa elegante, pero no acorde a su edad y ni con la época.

Sus padres aceptaron la oferta. Querían cumplir el sueño de su niña. En definitiva, quince años se cumple una sola vez en la vida. Los 1000 peso ahorrados sólo dio para doce fotos en blanco y negro. Las cerveza rindieron 25 dólares, exactamente el precio de un pantalón de mezclilla, marca Zíngaro, muy de moda por principio de los 90.

¡Qué contar de la fiesta! La casa la prestó un amigo de su padrastro. El buffet muy restringido, sólo para los amigos más allegados de la familia, todos pasados de 40 años. La pobre, estuvo la noche entera llorando escondida en un cuarto. No quería que nadie la viera ni que pensaran, que era malagradecida. En realidad hubiese preferido, que no le celebraran sus quince años.

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Fiesta de Quince

Celebrar los quince años por todo lo alto es una tradición en mi tierra. Supuestamente, esa edad, marca el inicio de una de las etapas más bellas de la vida. Antes se es una niña, después las adolescentes comienzan a convertirse en mujer. Desde ese momento se inician las sesiones de maquillaje, se afeitan las piernas, se sacan las cejas. La forma de vestir también cambia.

Del momento se guardan fotos. La joven vestida con traje de los principios del siglo XIX, con las últimas tendencias de la moda, trajes de baños, incluso se ha puesto muy en práctica los desnudos artísticos. El video de la fiesta tampoco puede faltar. El baile del vals, forma parte de la tradición. !Qué hablar de los gastos! por que todo cuesta: el alquiler de trajes, de la casa decorada para la ocasión, el salón para la fiesta, etc.

Las niñas de Quince, en la Cuba de hoy

En mis tiempos y épocas anteriores a las mías, las niñas que se aproximaban a cumplir quince años de edad, mantenían su apariencia infantil. No se maquillaban, se afeitaban o depilaban (en Cuba esta tecnología aun no esta al alcance de las población); hasta el momento de la fiesta. Si se hacia antes, los mayores decían que se perdía la gracia. El objetivo era causar impresión, marcar un momento en que se comienza a parecer una mujer.

En estos últimos tiempos las cosas han cambiado. Las niñas desde los treces se maquillan, afeitan y visten escotes; como si fuesen mujeres adultas. Incluso, es difícil encontrar una de quince que no haya perdido su inocencia, o virginidad, para ser más clara. Esa es la razón por lo que se dice que las niñas de quince años en Cuba, son muy precoces.

SIN ASPIRACIONES FUTURAS

Muchas pueden ser las motivaciones de un cubano que sueña con huir del país. Emigrar significa renunciar a todo lo que has creado con sacrificio y paciencia. Entonces, ¿Por qué deseamos huir de la tierra que nos vio nacer?

No es sólo el deseo de mejorar económicamente el móvil de este sueño. No es el anhelo de vivir ostentosamente en una sociedad consumista, el que lleva a un padre, a comprometer su vida en una aventura marítima. No pueden ser esas, las razones que determinar a una madre, a poner en riesgo la vida de su hijo en altamar.

No debe justificarse ni juzgarse el proceder de quien decide poner en peligro su vida y la de su familia para huir. Cada quien busca y encuentra los medios de escapar de aquello que lo atormenta. El precio es alto. Si la solución es errada o no, sólo queda afrontar las consecuencias.

Indigna escuchar, en los medios de comunicación oficialistas, a otro cubano, que cuestiona el actuar de las personas que arriesgan su vida por alcanzar un sueño. Ellos también tienen hijos y estos merecen cualquier sacrificio. Hasta el perder la vida, con tal de no tolerar que se prostituya, porque no puedes satisfacer sus expectativas juveniles.

Verlos llorar porque las diferencias sociales y económicas los golpean en la escuela. Quedarse en casa el día de su graduación, por no tener la ropa adecuada, para asistir al acto más importante de su vida. influenciados por malas compañías, que le destruyen los valores, que de niño le inculcastes.

Es duro para una madre, aceptar que un hijo termine en prisión, por hacer negocios ilegales. Es difícil ver como se pierden a diario en el alcohol, olvidando por instante los problemas que no pueden resolver. Es doloroso verlos deprimidos, insatisfecho con lo que hacen, frustrados y sin aspiraciones futuras.

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El condenado

La historia del condenado ocurrió hace algún tiempo. No es la de un personaje de ficción, es un drama que emergió desde una cárcel cubana. Es probable que en estos momentos, sucesos como este se repitan, pero con otro protagonista.

William Vales García nació el 14 de diciembre de 1966. Con apenas 14 años de edad, fue internado en un centro de reeducación penal, por hacer carreras con caballos robados.

El tiempo que estuvo internado en minoría, en nada benefició su posterior conducta. La reeducación comunista que recibió allí, le dio el valor para hacer lo que antes no era capaz de realizar. Después de esto se convirtió en un recluso de por vida, y murió con tal condición.

Si leyeran sus antecedentes penales pensarían, y con razón, que fue un hombre sin escrúpulos ni sentimientos. La verdad, el sólo fue un resultado del sistema penitenciario cubano. Más que producto, Papito, como todos le decían, constituía un especial instrumento en mano de los mayores y principales asesinos de este país.

Es cierto que le arrebató la vida a más de una persona. El más grave de sus crímenes, fue asesinar a otro recluso delante de su familia, y de todos los presentes en la visita al centro penitenciario.

No obstante, el arma homicida llegó a él, de manos de uno de sus carceleros. Los mismos que lo encerraron primeramente, en una celda de castigo, por un pleito con su víctima y enemigo. Los guardias le aseguraron a William, tener información, de que este último, pretendía matarlo. Posteriormente, salió de su aislamiento, el mismo día y hora, que su contrincante.

García Vales fue un instrumento del delito de asesinato. Fue inducido y predeterminado psicológicamente a cometerlo. Los que le dieron el motivo, la forma y los medios para realizar el acto, son los autores intelectuales del crimen que cometió con sus manos.

Por este hecho lo declararon culpable directo. Lo catalogaron como terrorista y le exigían la pena de muerte. Desde ese momento, la reclusión de William comenzó a tener trascendencia política. El tribunal decide darle cadena perpetua. Su desaparición física ya era una necesidad.

La vida y existencia de Papito, constituían una prueba irrefutable y un testimonio vivo de las torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes, que sufren los reclusos en las cárceles cubanas, bajo el glorioso sistema socialista cubano.

En incontables ocasiones estuvo confinado a una celda de castigo (subterráneos, oscuros y húmedos que corrompen los huesos). Sitios donde no llega la luz del sol, ni las comisiones que atenden los derechos humanos de los reclusos cubanos.

En ese lugar, recibió golpizas. Fue esposado por los pies y colgado de cabeza. Estuvo días enteros alzado de las manos, en la pared, sin apoyo firme. Aislado de todo y de todos. Pensando en su odio y su venganza, únicos sentimientos que le enseñaron sus reeducadores comunistas.

Sus verdugos le inculcaron el rencor y el resentimiento. Luego lo utilizaron en el momento que querían y según sus intereses. Papito superó sus expectativas. Se convirtió en una especie de líder en los centros de reclusión que estuvo. Era respetado por los que lo conocían, no solo por su agresividad, sino también por su calidad como amigo.

Era temido por sus guardianes, tuvieran el rango que tuvieran. No tenía miedo enfrentarles y nunca le importó las consecuencias. En los juicios en su contra, no dejo de acusar a sus torturadores. Sin embargo, la historia no lo absolvió. No lo dejaban hablar, ni denunciar las corrupciones y abusos de sus carceleros.

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Dieciocho años de privación de libertad, toda una vida para William Vales García. Siendo un adolescente ingresó en los centros penitenciarios de Cuba, donde lo sorprendió la muerte. La insuficiente alimentación y atención médica, le jugaron una mala pasada.

Variedades de parásitos y un simple problema digestivo se convirtieron en un síndrome de mala absorción intestinal, con un cuadro diarreico sangrante. La exigencia de sus familiares, provocó su traslado del centro de reclusión kilo 8, en Camagüey, hacia el Combinado del Este, en Ciudad de la Habana.

Los directivos de este último lugar conocían y odiaban a Papito, principalmente Carlos Quintana García, más conocido por los reos como el caballo loco, y vicedirector del centro. Este no había podido olvidar el sabor a heces fecales, de la lata con excrementos humanos, que William años antes le lanzara por el rostro.

A Quintana no le interesó que William estuviera débil y cansado a su llegada al combinado. En esas condiciones lo encerró en una celda de castigo por 8 días. El caballo loco actuó inhumanamente siguiendo quizás sus instintos sádicos, o talvez cumpliendo órdenes de sus superiores jerárquicos.

Al cuadro diarreico de William se le sumó fiebre y convulsiones. La aparición de estos nuevos síntomas, obligaron a sus carceleros a ingresarlo en el Hospital Civil Miguel Enrique. En los ocho meses que estuvo ahí, no hubo un diagnóstico definitivo para su enfermedad. En ese lapso de tiempo fue trasladado un sin número de veces. Ante la más leve mejoría, regresaba al hospital de la prisión. Con cada recaída, retornaba al hospital civil, nuevamente grave.

Sus familiares reconocen que los médicos que lo atendieron no hicieron su mayor esfuerzo. Incluso, insinuaron que el reo se provocaba los síntomas para justificar su inacción. La despreocupación, la falta de recurso y equipos médicos disponibles en el Miguel Enrique, fue determinante para que la madre de William gestionara un turno en el Hospital Militar Naval.

En esa institución trabajaba la señora García, quien seguramente no vacilaría en realizarle una serie de exámenes que diagnosticaran su enfermedad. Sin embargo, el director del hospital de la prisión del Combinado del Este, Mariano Izquierdo, se negó a dar el conduce para trasladarlo al Hospital Militar. Era evidente la intención de dejarlo morir, pero ¿por qué?

Una futura recuperación de William significaba la posibilidad de que saliera bajo libertad condicional por problemas de salud. Su cuerpo constituía una evidencia física de las torturas que sufrió en prisión de manos de sus carceleros. Su testimonio reafirmaría las tantas violaciones de los derechos humanos, que tiene lugar en las prisiones cubanas.

El 14 de diciembre celebra junto a su familia su 34 aniversario. Se apreciaba en sus ojos el deseo de vivir y de luchar contra su enfermedad. Unos días después fue trasladado inexplicablemente al hospital de la prisión. A sus familiares se les negó toda información. Una llamada confidencial le advierte a su hermana, Katia Vales, que lo habían remitido al hospital militar Carlos. J. Finlay.

En el nuevo centro de atención, se niega el ingreso a sus familiares, quienes inconformes burlaron la seguridad del hospital y lo encuentran en terapia intensiva, custodiado por agentes de la policía política.
La dirección del hospital Carlos. J. Finlay se excusa, diciendo que habían recibido la información de que el reo era un preso político y en tal condición, no debían dar información sobre él.

Cierto es que el encierro de William había adquirido trascendencia política, aunque su familia y él no lo consideraran así. No por realizar acciones en contra del gobierno cubano, sino por lo que había vivido y sabia del sistema carcelario cubano.

No fue pura coincidencia que a los pocos días de su estancia allí se conociera el diagnóstico de su enfermedad. Una bacteria fulminante, alojada en su corazón, anunciaba su inminente muerte. El 9 de marzo de 2000, fallece William Vales. En los 15 meses que duró su agonía, estuvo constantemente vigilado. Días antes de su muerte le retiraron las esposas, que habían hecho zanjas en su cuerpo hinchado. Incluso en sus funerales, como para cerciorarse de que había muerto, estuvieron presentes sus guardianes, para insulto de sus dolientes.

A la familia de William no le queda la menor duda que fue asesinado, por los mismos que lo convirtieron en un instrumento de delito. No le perdonan al gobierno la crueldad con que lo hicieron sufrir sus últimos días. Ellos también sufrieron, cuando fueron ignorados por todas las instituciones donde presentaron sus quejas.

El tétrico panorama de las cárceles cubanas y la manipulación de sus represores, transformaron a William Vales García, de un pícaro adolescente, a un hombre violento e inclemente. Cometió delitos graves y cumplía sanción por ello. El hecho de ser un recluso no le quitaba su condición de ser humano. Sin embargo, el Estado socialista no lo trató como tal. Se deshizo de él de la forma más sutil, lenta y cruel que pueda imaginarse.

Su familia, principalmente su hermana Katia Vales García, no quiere dejar en el olvido todas las humillaciones, malos tratos e injusticia que sufrió Papito, los meses antes de su muerte.

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