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¿PARA QUE ESTUDIAR?

30 septiembre, 2009 11 comentarios


Por Laritza Diversent
foto: jóvenes cubanos bañándose en un charco cerca de la carretera

Javier tiene 9 años de edad. Cursa el cuarto grado de la educación primaria. No le gusta ir a la escuela, tiene problemas de disciplina y no copia en clases. Su maestra y sus padres están preocupados, no encuentra la forma de hacerle entender la importancia de los estudios para su futuro.

Si le preguntan a Javier que quiere ser en la vida, el responde que astronauta. Él sabe que en Cuba eso no se estudia, por tanto ya no tiene gracia luchar por su sueño. El desea hacer algo fácil como el trabajo de su papá, criar cerdos. Su padre llego hasta 12 grado, trabaja en la casa y tiene lo indispensable para mantener a la familia.

Tiene también el ejemplo de su tío. Un joven de 22 años de edad que dejo los estudios de contabilidad y se dedica a negocios en la calle. Tiene dinero para pasear y comprarse lo que quiera.

El medio que rodea a un niño o adolescente los lleva a sentir apatía por los estudios. Cómo puede un adulto explicarle las ventajas de hacerse un profesional, si el custodio de un hotel, con un título de bachillerato, gana más que el ingeniero de una empresa.

Estas diferencia son las que explican porque lo juventud cubana se ha convertido en un sector vulnerable de la sociedad. El porqué la abstinencia laboral, el aumento de la delincuencia, la prostitución y el alcoholismo entre la juventud. Estos son problemas que van en aumento.

A qué joven no le gusta salir, divertirse, bailar, vestirse a la moda. ¿De dónde sacan dinero para ir a una discoteca, si la economía de sus padres no le da para esos placeres? ¿Cómo pueden satisfacer las expectativas propias de su edad?

Qué joven cuando se enamora y quiere formar una familia tiene la posibilidad de tener una vivienda. Cuál de ellos puede soñar comprarse un carro, una moto con el sudor de su trabajo, dentro de esta isla. Cual puede soñar con hacer un viaje turístico para conocer lugares trascendentales de este mundo.

El que luche por alcanzar estos objetivos tiene que irremediablemente lanzarse al mar en una balsa o ponerse en manos de traficantes de persona. Casarse por conveniencia con un extranjero para que los saque del país o comprar una carta de invitación. Los que lo logran lo han hecho de mano con la ilegalidad. Sus vida punto de mira del aparato represivo y corriendo el riesgo siempre de perder la libertad.

Los padres de hoy se quedan sin argumento ante la realidad que viven sus hijos. No hay forma de conversarle o demostrarle que la oportunidad de estudios que tienen es lo mejor de su futuro.
Este es el dilema de las nuevas y viejas generaciones. Para los primeros la imposibilidad de hacer planes para el futuro. Para los segundos enseñar cómo prepararse para ello dentro de este país. De todo se saca una triste conclusión ¿para qué estudiar?

publicado en Semanario Digital Primavera

Categorías:Sobre la ley cubana

Jóvenes nacionalistas, creo que no

26 septiembre, 2009 3 comentarios


Por Laritza Diversent
foto: jóvenes cubanos reunidos en el Malecón habanero

¿Los jóvenes cubanos son nacionalistas? Quizás. Se les ve en el primer bastión de los desfiles y tribunas antiimperialistas. Con discursos bien pensados, un verbo profundo y seguro. Agradecen a la “Revolución” por lo que tienen. Sin embargo, no todo es los que parece.

Tal vez la juventud respalde al socialismo cubano. Si es así, ¿Por qué no está presente en los principales órganos de dirección política? Una sencilla razón: hubo error de cálculo en la creación del nuevo hombre. La retórica es diferente a la realidad en la que se le moldeó.

A las nuevas generaciones de cubanos se les formó para obedecer. Acudir a los llamados de la “Revolución” era el primer sentido del deber. La cuestión es sencilla, cumplir las órdenes que vienen de arriba. Esas no se discuten, aunque contradigan la realidad que se vive.

Desde pequeño tienes que jurar lealtad a la patria. No es obligatorio, pero tampoco es opcional. Si eres pioneros cuando te den la pañoleta tienes que repetir “pioneros por el comunismo seremos como el Che”. ¿Qué puede saber un niño de seis años de lo que es el comunismo?
Si comienzas el preuniversitario o la universidad se sobreentiende que perteneces a la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM) o a la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) respectivamente. Nadie te pregunta si quieres formar parte de la organización. Sencillamente en un acto político repite lo mismo que todos: “juro defender esta revolución…”. Todo sin reflexionar.

A eso nos enseñaron, a actuar sin pensar en las consecuencias. Resultado una juventud difusa que piensa diferente de cómo actúa. Como puede pedírsele a un universitario que luche contra las ilegalidades y la corrupción, si tiene que recurrir al mercado negro para comprar una libra de aceite de cocinar porque sus padres son dirigentes del Partido Comunista de Cuba y no poden hacerlo personalmente; o porque no hay lugar donde comprarlo.

No interesan los principios o tener doble moral. Lo primero es el sacrificio y compromiso con la revolución que te da estudios gratuitos. No te fuerzan ir a un trabajo voluntario, pero cada cual sabe lo que le conviene.

Si sueñas con ser un profesional tienes que ser primero revolucionario. Eso implica asumir responsabilidades para lo que no estás preparado. Lo elemental es hacer, no importa bien o mal y mucho menos los resultados.

Lo esencial no es salvar vidas, sino completar el personal médico. No es educar un niño, sino cubrir las aulas con maestros. Hay déficit de fiscales y jueces, no importa. Los egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana por el camino adquieren la experiencia necesaria para impartir justicia. Resultados la salud, la educación, la libertad y los derechos de este pueblo, está totalmente destruidos.

Participar en los desfiles del primero de mayo te certifica el aval para ocupar un buen puesto de trabajo después que te gradúes, que está garantizado si tienes el carné de la Unión de Jóvenes Comunistas. Eso puede calificarse con cualquier adjetivo, menos con nacionalismo.

publicado en Semanario Digital Primavera

Categorías:Sobre la ley cubana

La homofobia y las uniones consensuadas

foto: una pareja de gay posan juntos en Rampa y Malecón

Por Laritza Diversent

En nuestra sociedad es frecuente que algunos homosexuales mantengan relaciones estables que se asemejan a los matrimonios no formalizados heterosexuales. Una de las demandas de los grupos que defienden los derechos de los gay, es precisamente el reconocimiento legal de las uniones consensuadas entre personas del mismo sexo.

En este sentido la campaña contra la homofobia emprendida por el gobierno cubano, personificada por Mariela Castro, ha generado expectativas en torno al tema y abierto el mismo al debate. Las opiniones más generalizadas se dividen en extremos, entre los que están a favor y los que no.

La igualdad absoluta de derechos entre cónyuges fue lo que motivo a la legislación cubana a dar un tratamiento jurídico satisfactorio a las uniones consensuadas no formalizadas, en el Código de la Familia.

Las razones fueron obvias. La situación jurídica de los matrimonios de hecho, afecta a los derechos individuales de la pareja, en lo referente a los derechos conyugales. Ejemplo los bienes comunes adquiridos durante la vida en común y la herencia.

Esta disposición normativa prevé la posibilidad de que estas uniones surtan los efectos propios del matrimonio formalizado legalmente, cuando fueren reconocidas por un tribunal competente. Da la posibilidad de retrotraer los mismos a la fecha de iniciada la unión, de acuerdo con lo manifestado por los cónyuges y testigos en la sentencia judicial o un el acta de formalización en caso de que decidan contraer nupcias (Art. 18 y 19).

Por otra parte el Código de Familia veda estas posibilidades a las parejas de hecho homosexuales. Incluyendo la formalización del matrimonio. En su artículo 2 reconoce que “el matrimonio es la unión voluntaria concertada de un hombre y una mujer (…)”. En el artículo 18 reconoce como matrimonio no formalizado “la unión matrimonial entre un hombre y una mujer (…)”.

Sin embargo es justo reconocer que dos personas, sean de sexo diferentes o iguales, al constituir un vínculo habitual con vocación de permanencia, dirigido, a la convivencia y colaboración, tienen derecho a que se les reconozca jurídicamente su relación.

Entre las uniones consensuadas de homosexuales se dan características propias del matrimonio. Viven juntos en un domicilio que ambos fijan de común acuerdo. Se guardan fidelidad. Ambos prestan su concurso económico destinado para sostener y mantener las cargas del hogar.

Sin embargo en caso de que estos, terminen la relación no tienen ningún tipo de protección. Por ejemplo no hay forma legal de establecer la proporcionalidad y división respecto a los ingresos, recursos patrimoniales y bienes adquiridos dentro de la vida en común.

O cuando uno de ellos fallezca intestado, situación común en Cuba, el otro queda totalmente excluido de los derechos hereditarios. Como pude verse, se afectan los derechos individuales de estas personas.

Sobre los que se oponen, pesan prejuicios éticos y religiosos contra la homosexualidad.

Los que la defienden no hablan de crear tecnicismos jurídicos. Se refieren al hecho de regular relaciones entre personas, en interés general de la sociedad. Los métodos y vías para ello, son los que han de someterse a discusión.

Publicado en Semanario Digital Primavera

Categorías:Crónica social

LA FURIA REPRIMIDA


Por Laritza Diversent
foto: los cubanos quieren y estamos esperando algo
Alberto es el seudónimo que decidió utilizar un amigo que tiene la esperanza de que el futuro de su tierra cambie. Un cubano que está optimista porque existe la posibilidad que se restablezcan las relaciones entre la isla y Estados Unidos. Obama y Raúl Castro están dispuestos a dialogar. Así lo han afirmado en declaraciones internacionales.
Hace unos días me dejó una carta para que la publicara en Internet. Esta molesto porque el compañero que reflexiona esta saboteando las posibilidades de un dialogo. La furia reprimida le cegó el alma. Un escrito agresivo, titulado “¿Por qué no te callas?”, fue el resultado de aquel sentimiento.
“No se malinterpreto Fidel. Obama no se equivoca. Todos lo vimos y escuchamos. Perfectamente dijo,… que está dispuesto a conversar de todo… A diferencia tuya, parece que siente por este pueblo. …Porque gracias a Dios, hoy hay un interlocutor inteligente y digno, que no se deja manipular por ti, ni por tu verborrea”.
Así comienza la misiva que escribiera Alberto para Fidel, a quien acusa de desplegar “maniobras desestabilizadoras” para que las conversaciones entre ambos países no se materialicen. En su ira incontrolable le dice al mayor de los Castro “señor egocéntrico y mentiroso”
Lo compara con Valeriano Weyler, Fulgencio Batista y Gerardo Machado. Le asegura que ninguna de estas figuras es como él, que para alimentar su ego traicionó los sentimientos de un pueblo que lo quiso como un padre y que le brindo lo más preciado del ser humano, su propia vida.
Lo acusa de traicionar a sus padres muertos, a y todo la población cubana que siguen padeciendo. Le pide de favor, por sus hijos, “que aun sin conciencia viven endeudados, míseros y a espalda del mundo”, que se calle y deje que al fin este pueblo recobre lo que le pertenece, su destino.
Alberto pretendía expresarse y que el mundo supiera que es lo que quiere el pueblo cubano: “Queremos restablecer relaciones con el gobierno de Obama, relaciones de vecindad de todo tipo con el pueblo norteamericano. Queremos sentirnos ciudadanos con deberes, pero también con derechos. Sentirnos que somos normales, que podemos parecernos a otro pueblo, y no sentirnos más como bichos raros”.
Algo tan sencillo se mezclo con ira y odio, frustraciones e impotencia. Sentimientos escondidos en lo profundo del alma de muchos cubanos, que no pueden influenciar en las políticas del gobierno de su país, y que tampoco tiene forma de expresarse.
En Cuba hay muchos Alberto deseos de cambios, pero molestos porque no pueden participar en ellos. Muchos que son ignorados y se sienten culpables de callar, y sólo esperan la oportunidad de desatar su furia reprimida.
publicado en Semanario Digital Primavera

Categorías:Crónica social

NO IMPORTAN LOS OBSTÁCULOS

El 20 de septiembre había en la calle muchas personas vestidas de blanco.

Esta es la parada del P-1, frente al Capitolio habanero.

Todos miran al P-1 que viene.

Todos miran como se va …

y se va…

algunos se van, otros se quedan …

llegó el otro, … ¡a correr!

En fin, sorteándo todo tipo de obstáculos, estuvieron presentes en la plaza, más de un millón de cubanos.

Categorías:Crónica social

Un día antes cualquiera:

Mira la expresión de los rostros, que el lente de mi cámara captó:




Categorías:Crónica social

El 20/09/09, un día por la Paz

El 20 de septiembre fue un día especial. No hubo convocatoria, ni exigieron asistencias como actos de reafirmación revolucionaria. La mayoría de los que asistieron a la plaza fueron por voluntad propia, sin que se lo exigieran por el centro de trabajo o la escuela.

Digo la mayoría, porque algunos si fueron convocados. El novio de mi vecina, un estudiante de medicina, estuvo de guardia en la noche, y en la mañana lo fueron a recoger, para llevarlo al concierto. Evidentemente las primeras filas más cercanas al escenario, eran precisamente de miembros del PCC, UJC, estudiantes de las escuelas militares, de la universidad de ciencias informáticas, etc.

Pero eso no importa, yo estaba contenta, veía la alegría en los rostros de los jóvenes, que apretados en las guaguas, a pie, bajo el extenuante sol del medio día, se dirigían al concierto por la paz. Rostros que pocas veces se ven en las calles.

Ese día salí temprano de casa, fui para el Centro de la Habana. Desde entonces se veían los pullovers blancos de los transeúntes, que aumentaban a medida que avanzaba el día. Ya a las doce, la cosa comenzaba a complicarse, aumentaban los atuendos blancos y los tumultos en las paradas de los ómnibus del transporte público, para dirigirse a la plaza.

Menos mal que los P-n que iban llenos eran los que se dirigían hacia el vedado. Yo iba en sentido contrario, hacia el Calvario. Pero por el camino me deleité viendo a miles de cubanos, que hasta enganchado de las puertas insistían en estar presente en el concierto en la plaza. Yo no fui, lo vi desde mi televisor.

Desde mi tv vi el concierto en la plaza, a Olga Tañón con laringitis, cantando canciones que mi memoria recordó. Me hubiese gustado estar allí para verla en vivo, pero al escucharla regañar tres veces a los que empujaban la tarima, me acordé, de lo malitos que nos ponemos los cubanos, cuando estamos estresados o emocionados.

Tres y 21 de la tarde, comienzo a darme cuenta que la música cubana está perdida, cantaba Amaury Pérez , casi me da dolor de estómago. Es increíble que lo mencionen, como uno de los principales exponentes de nuestra cultura. Es detestable. Después que terminó, hubo problemas en las trasmisiones televisivas de Cubavisión nacional, la internacional no sé, estoy dentro de Cuba. Seguro no quisieron mostrar el rechazo de los presentes en el espectáculo.

¡Qué decir de Cucú Diamante y Yerba Buena! ¡Qué desagradable la cantante! Se ve que es parragueña (Párraga, una localidad del marginado y capitalino municipio Arroyo Naranjo), le faltó poco para congraciarse y gritar una consigna política de las que salen por inercia.

A las 4:55 de la tarde comenzó Juanes, presentado por el grupo cubano Orichas, que además de Olga Tañón, también logro mover al público. El final estuvo emocionante, llanto de los cantantes, principalmente el de la diva de Puerto Rico. Me erizaron la piel. Me gustó la posición que asumieron Juanes y Olga, para ellos mis respetos.

Busqué la impresión de varios amigos que habían visto el concierto por televisión o que fueron a la plaza, y todos coinciden que el concierto estuvo por debajo de las expectativas. Esperaban algo más contundente o emotivo. Es decir, se divirtieron, pero hubo cantantes que no tenían porqué estar ahí. Tuvieron que esperar demasiado para disfrutar. Juanes y Olga se fueron muy rápido. Nada de lo que medió entre ellos, a excepción de los Orichas, les gustó.

Un millón quinientos cincuenta mil personas en la plaza ¿Cómo regresaron después a sus hogares? por eso no fui, nada más de imaginármelo siento miedo y náuseas.

Categorías:Crónica social
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