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LOS VERDADEROS PICHONES

25 febrero, 2010 3 comentarios


Muchos calificativos pudieran caracterizar a los cubanos, pero el de inventores, no los hemos ganado por derecho propio. La necesidad y escasez nos lleva a inventar a diario para sobrevivir.

Apelo a la memoria y viene a mi mente los ventiladores con los motores de las secadoras de lavadoras rusas. Producción manufacturada, desde la base hasta la paleta giratoria. No fueron perfectos, hacían un ruido espantoso, pero refrescaron el intenso calor de las noches en esta isla.

Recuerdo los asfixiantes fogones nono, que ardían con el aserrín de la madera, las hornillas eléctricas y ollas arroceras artesanales, todos muy rudimentarios, pero garantizaron la coacción de los alimentos en el periodo especial, cuando no había combustible. Después llegó el comandante con su revolución energética y se mofo de todo aquellos que ingeniamos para sobrevivir en los años de miseria extrema.

Con toda esta historia, ahora somos, para ‘papá Estado’, unos polluelos que esperan con la boca abierta los alimentos. Pena y vergüenza debían sentir, los que osan poner esta frase en su boca. Esos que tiene de todo, gracias a la revolución que inventaron y a las promesas que nunca cumplieron.

¿Con qué derecho, el dueño de todos los medios de producción, que no ha tenido la capacidad de satisfacer las necesidades sociales de sus gobernados después de más de cincuenta años en el poder, nos llama pichones?

A esos que, con tal descaro llaman crío a un pueblo, que le exigió sacrificios y también renunciar a la vida, los invito a buscar en la historia. Recuerden que estaban dispuestos a desaparecernos del mapa, y al mundo al borde de una guerra termonuclear, por una disputa ideológica con el capitalismo.

Acuérdense cuando pusieron a todo un país, a cortar caña, para lograr el sueño de un egocéntrico gobernante, que apostó que haría una zafra de los diez millones de arroba. ¿Cuántas veces se paralizaron el país y se gastaron millones de pesos, en movilizar al pueblo para marchas, teniendo una situación económica precaria?

¡Pobre papá Estado que no puede aguantar más subvenciones y gratuidades, pero nos impone prohibiciones y restringe nuestras libertades! ¿Dónde está el bienestar común que prometieron y nunca llegó?

A esos que para hacer una revolución “con los humildes y para los humildes”, confiscó propiedades para devolverlas pueblo, y ahora dueño absoluto de todo, nos impide ejercer el comercio e invertir en nuestra economía, privilegio solo para extranjeros.

¡Qué Infortunio el de ‘papá Estado’, que convertido en el único empleador legal y nosotros en masa proletaria, nos obliga a trabajar para él por un salario mensual, que a ningún obrero le alcanza para satisfacer sus necesidades individuales, menos las familiares!

¡Basta ya de humillaciones, de acusarnos de robar los bienes que en un principio son nuestro, de obligarnos a recurrir a la ilegalidad para sobrevivir; de pagar por los errores de sus fracasadas política, de reprimirnos para obligarnos a callar!

A esos que insinúan que somos incapaces, mantenidos y chulo, les pregunto: ¿quiénes son los que esperan que las cosas les caigan del cielo? Ustedes que disfrutan de todo tipo de privilegio a costa del sudor del pueblo, o los que a diario tienen que inventar para subsistir.

Categorías:Papá Estado

UNA SOLA CARA DE LA MONEDA

17 febrero, 2010 6 comentarios

Laritza Diversent

Félix López, es un periodista del Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Odia a los que intentan convertir “un medio estatal” en “propiedad privada”, del que se corrompe para autoincrementarse el salario y de los ineficientes que en vez de prestar un servicio por el que cobran, actúan como si nos estuvieran haciendo un favor.

Aborrece a los taxistas que apagan el taxímetro y arreglan el precio de la carrera; a los funcionarios que por dinero agilizan los trámites; al técnico de refrigeración que no atiende los reportes de roturas de los equipos de la población. En otras palabras, el no soporta la ilegalidad, la corrupción y la ineficiencia en la prestación de los servicios.

Para el periodista, estos males, florecieron bajo la nueva significación, que adquirió el término “lucha” en el periodo especial. ¿Será que ese tiempo terminó? Recuerdo bien, aunque yo tenía solo nueva años, que la dirigencia histórica decreto su entrada, luego de dos décadas, aun no lo declara por terminado.

Según él, hay cosas que andan mal a nuestro alrededor, por obra y gracia de la impunidad, la permisividad y la tolerancia. Opina que la crítica situación económica, no justifica que se ensanche la ilegalidad. Moraleja, los problemas sociales que afectan a la población se resuelven con mano dura.

Se niega a pensar, que es difícil recuperar los valores, el amor por el trabajo, “el respeto sagrado a los recursos del estado” y la calidad en la prestación de servicios. Tal vez a este periodista, el salario le alcance para pagar la electricidad, los equipos, el precio del transporte público, etc. Quizás los productos racionados de la libreta de abastecimiento le sean suficientes para alimentarse él y su familia, si la tiene. Me imagino que puede prescindir perfectamente de las demandas del mercado negro. Posiblemente, de su sueldo le quede para vestirse.

Se me olvidaba, los periodistas oficiales, constituyen uno de los sectores que tiene la posibilidad de viajar al extranjero. Privilegio que no tenemos el resto de los cubanos. Lo único que tiene que hacer es taparse los ojos y los oídos, para no pensar y repetir como papagayos, las consignas de los dirigentes, dueños del diario en el que escriben.

Para nadie es un secreto que esos viajecitos reportan ingresos adicionales y muchas otras ventajas económicas. Seguramente por eso se da el lujo de afirmar, que su opinión es una reproducción del debate social entre los vecinos; la pesquisa de un cubano decente que sentencia al ladrón, el indolente o el burócrata.

En esas condiciones, pueden darse el lujo de juzgar y sentenciar a ese taxista, a ese funcionario estatal, a ese técnico en refrigeración, de inescrupulosos, oportunistas y delincuentes; sin analizar las condiciones que los rodean y los motivos que lo llevan realizar esas conductas. Tal vez sus vecinos no tengan que transgredir la ley para vivir el día a día y sostener a su familia.

Tal vez Félix no se ha puesto a pensar que el aumento de la ilegalidad, es por el exceso de prohibiciones que ha impuesto un Estado, aun teniendo todos los medios a su alcance, y exigiendo el respeto sagrado a los recursos, que una vez dijo era del pueblo, es completamente incapaz de solventar las necesidades sociales.

Es fácil mirar solo una cara de la moneda. Desconocer los instintos básicos de los seres humanos y calificar de depredadores, y ahora también pichones que esperan con la boca abierta la comida de papá Estado, a los que sudan a diario e inventan de todo, para subsistir a la perpetua crisis económica.

Categorías:Ilegalidades en cuba

Época traumática IV

Laritza Diversent

Para comienzos del nuevo siglo la crítica situación de principio de los noventas había variado sustancialmente. La entrada de las remesas del exterior fue determinante en ese cambio. La supuesta homogeneidad social, desapareció. No obstante, seguía vigente el periodo especial. Ahora mucho más sutil y cruel.

La moneda se devaluó y con ella el salario. Vivía holgadamente quien tuviera familia en el extranjero. Por supuesto ese no era mi caso. Mis estudios en la universidad, en esas condiciones, fueron aun más dolorosos. Tener mi hijo con apenas 19 años, exigió mucho más sacrificios y resignación por mi parte. Gracias a la ayuda de mi madre, pude continuar.

Nada fácil fue alcanzar, la meta que me había propuesto. Llegue al final de mi carrera porque tenía el sueño de ser una profesional y una mujer independiente. En esos cinco años, mis eternas amigas fueron la esperanza, la paciencia, y para la parte final, la frustración.

 Las diferencias económicas fueron las primeras que comenzaron a golpearme. Ocho de la mañana, las estudiantes de mi facultad estaban vestidas para ir a un cabaret. Era más que especulación. Era la lucha, la supervivencia y utilizar varias vías para conseguir un sueño.

Quizás el término “jineterismo universitario” aclare cualquier duda. La Universidad de la Habana, en el Vedado, era un lugar propicio para los proxenetas disfrazados de estudiantes.  Las condiciones estaban creadas: muchachas jóvenes, inteligentes y educadas, en un lugar centro de atracción para los extranjeros.

Por ahí comenzaron las decepciones. Imagínese a una futura jueza, fiscal o abogada prostituta; o a los futuros juristas de este país viviendo del meroliqueo. Sí, porque mi facultad también era un centro de venta. Lo que usted necesitara podría encontrarlo allí, desde naturaleza muerta  hasta ropa de marca y más.

Una hipocresía, después los dirigentes estudiantiles y nuestros profesores nos convocaban a ser el principal bastión en la lucha contra las ilegalidades. Esa era nuestra profesión, aplicar la ley, pero sin pensar en la justicia.

Mientras tanto, yo,  con mis pantalones de mezclilla desteñidos, zapatos remendados, apartada en una esquina para no llamar la atención. Tengo que reconocerlo, aquellos arrapos me daban vergüenza. Quería lucir como lo desearía cualquier mujer joven, sentirme bella, pero no tenía con qué. Sólo mis sueños me hicieron superara mis complejos.

Pero yo no era la única, había otras muchachas, en iguales o peores condiciones. Todas soñábamos que, después de graduadas, esa situación cambiaria. Sin embargo, a medida que avanzaba la carrera íbamos despertando de aquella fantasía. Para finales del quinto año ya estábamos convencidas, que seguiríamos siendo las muertas de hambre de antes. Ahora con la diferencia de tener un título universitario colgado en la pared.

Esa fue mi decepción y mis comienzos como disidente. Había seguido los consejos de mis padres: estudiar para ser alguien. Me sacrifique para lograrlo y después de todo, mi vida seguiría siendo igual. 

Época traumática (III)

Laritza Diversent

La adolescencia

Si en la niñez el periodo especial me marco profundamente, mas lo hizo en mi adolescencia. Mi primer periodo menstrual, trapos doblados y ardor. En la farmacia comienzan a dar un paquete de intima por mujer. 10 almohadillas,  no alcanzan. Mami se sacrificó y las que le tocaba, me las dejó a mí.

No hubo fiesta de quince ni fotos. Solo un vestido de uso, 300 pesos. Los ahorros de mamá  en seis meses. Para la ocasión, me tocó, por la libreta de abastecimiento, 5 cajas de cerveza, un cake, 50 panes, 5 botellas de ron y otro tanto de refresco sirope. Las cervezas dieron 40 dólares, un par de zapato y una blusa para mí, un pantalón para mi mamá y un par de zapatillas, para cada uno de mis dos hermanos.

Mi primera salida de noche: El disco-vianda. En el agro del reparto, ponen música grabada. Una odisea para elegir la ropa de la noche. No había para escoger, pero era necesario combinar, para no repetir. El fin de semana pasado había usado la misma. El creyón labial mezclado con lápiz para ojos, nos daban diferentes tonalidades para el maquillaje.

Los zapatos, para el taller, eran los mismos de ir a la escuela. Los pobres no podían más, salían andando solos cuando mes los quitaba. Si eran blancos se pintaban con pasta de diente perla, que también era el remedio para la acidez.  Los de colores oscuros siempre terminaban negros. Tenidos con una tinta de formula especial. El tizne que producía el fogón de Keroseno en las cazuelas, con alcohol.

Los nuevos venían cuando los viejos no admitieran otro remendón. Las puntillas me tenían agujereados los pies ¡A un gustazo un trancazo!  Aguanta si quieres divertirte.  Si te dejaban en la calle, amárralos, el mismo cordón o un alambre resolvía el problema.

En la disco, la oscuridad para disimular los muchos remiendos del atuendo. En una sola libación, el trago de chispa de tren, para quitar la pena, mejor dicho, la vergüenza. La noche divertida: baile y música. El keroseno, que decían era ron, ponía las cabezas mala. De momento, discos de acero de 5 y 10 Kg volando por los aires, cadenas con ganchos danzando, piñazos y bofetones, ¡tremendo corre…corre!, a esconderse debajo de los vianderos, hasta que se calme la tormenta.

Una época Inolvidable y traumática también, un tiempo que marco a todo cubano con uso de razón. Una línea que aun asciende y desciende por debajo de cero. Creatividad y supervivencia, entre ambas: escases, privaciones y más miseria.

Época traumática (II)

14 febrero, 2010 4 comentarios

Laritza Diversent

Innovaciones cubanas

los camellos (metrobus)

Fueron muchas las innovaciones culinarias. El picadillos de cascaras de plátano verde, cuando se hervía, se ponía oscuro y creaba ilusiones en las mente de los cubanos.  Había quien lo sazonaba bien, y se hacia la idea que comía picadillo de res. Lo mismo sucedió con el bistec de corteza de toronja, o de frazada de piso.

El combustible desapareció. Ningún cubano podrá olvidar cuantas horas tuvo que esperar por una guagua, que pasaban tres veces al día, llenas  y con personas colgando de las puertas.

 Lo Apagones siniestros de más de doce horas. Los mechones de luz brillante que te teñían los mocos de negros. Botellas con pequeñas dosis de Keroseno y un trapo enrollado, iluminaban las calurosas noches, llenas de mosquitos.

Los ventiladores de motores de lavadora, que tanta gracia le dio al comandante, cuando inicio su revolución energética y los cambios de equipos electrodomésticos.  Después que desaparecieron, muchos intentan explicarse, como pudieron dormir profundamente, por tanto tiempo, con el ruido que producían aquellos aparatos: un avión en pleno vuelo toda la noche. Mi mamá tenia uno. Recuerdo bien que echaban un aire que congelaba, ni calor ni mosquitos, así si se podía dormir. 

Para sustituir importaciones los cubanos también hicieron aportes: el nono. El fogón ahorrador, como el personaje tacaño de la novela brasileña del momento. Un tanque  de metal de 55 galones, encima una rejillas donde se colocaba la cazuela, en los laterales huecos para que saliera la humacera, producto de la combustión del aserrín de la madera o de la leña.  

En materia de vestuario también hubo contribuciones. Las zapatillas de tela, parecidas a las de ballet, pero con suela de cámara de tractor. Mi madre cortaba las patas de sus pantalones para sacarme shorts y blusas.

Una época que aun dejó secuelas en cuba: el picadillo de soya o de proteína de vegetal, que saben a rayo encendido. También el de viseras de pollo, que mezclado con harina, da la fórmula para el pan con jamón-nada de la merienda escolar.

Imagen camello 4

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