Crónica social

CALLADOS POR LA IMPOTENCIA

La impotencia da ganas de reventar. Así me sentí ayer cuando vi a mi madre con los ojos llenos de lágrimas. “tengo deseos de morirme, estoy cansada de que me pisoteen” me decía. Me di cuenta, que la depresión la estaba haciendo su víctima. Nada puedo hacer para ayudarla. La ira me comía la calma. Escribir estas líneas, me alivió.

Puede parecer una historia melodramática, pero solo quien la sufre sabe cuánto duele. Mi mamá siente que en el trabajo la rechazan. No soporta la situación y quiere dejar el trabajo, pero no puede. De los 260 pesos moneda nacional que cobra, le descuentan 85 pesos, por los equipos electrodomésticos de la revolución energética.

Ella es veladora de un salón de exposiciones, en la casa de cultura municipal de Arroyo Naranjo “Justo vega”. La directora del centro, Miriam Pajón Navarro, una militante del Partido Comunista de Cuba, es quien más la rechaza. Una razón, mi mamá hace, exclusivamente, el trabajo por el cual se le paga.

La directora la manda hacer otras labores y ella se niega. Por supuesto, está justificada. Un accidente a los siete años de edad, la dejó coja de la pierna izquierda por el resto de sus días. No puede hacer peso, estar mucho tiempo de pie o caminar largas distancia. Para su jefa es una inservible, está desesperada por sacarla del centro.

La gota que llenó la copa cayó cuando el del sindicato, le pidió la cotización del mes y ella no tenía dinero para pagarla. La renombrada directora la llamó a su oficina y le dijo: “Maricelis, tu hoy no puedes pagar, pero mañana tiene que traerme ese dinero, no sé como, pídelo prestado, porque nosotros no podemos incumplir”.

¿Acaso esta Señora, quiere que mi madre robe, para que el centro cumpla? La soberbia me indignó. Nuevamente la impotencia me ató las manos. ¿Qué hacer frente a estos atropellos? Solo sufrir y callar, no tenemos ningún recurso efectivo ante los tribunales, que nos proteja de los abusos de autoridad. Los jefes y superiores seguirán haciendo uso del poder que le dan sus cargos, para humillar a sus administrados. Mientras seguiremos sufriendo, callados por la impotencia, con deseos de huir o morir, menos de seguir aquí.
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