Crónica social

Memorias del transporte (I)

El pasado viernes, de regreso a casa, mientras esperaba en la parada del P-6 y P-8, conversé con la administradora del cine Yara, uno de los centros cinematográficos más importante de la capital.
La conversación se inició cuando una señora que también aguardaba por los ómnibus, con tremenda tristeza nos contó como le habían robado la cartera: “un tipo me empujaba y apretujaba, mientras la pala (la pareja) me llevaba la billetera”

“A nadie le importa lo que le pase a otro”, se quejaba; para después referirnos que el chofer, no quiso desviar la guagua hacia la estación de la policía. A partir de ahí, más personas se sumaron a la conversación, contando cada uno su experiencia con carterista.

Yo también conté una anécdota.

Mi experiencia sucedió hace aproximadamente cuatro años. Me dirigía hacia la universidad. Esperaba el camello (el M-6 ahora P-6) en la primera parada, no había inspector para ordenar la cola y se formó la molotera. Recuerdo que ese día, me quedé rezagada en lo último del bulto de gente, no tenía deseos de empujar ni que me entraran a golpe para coger un asiento.

Me quedé estupefacta y sin habla cuando vi, como uno de los mosquitos (inspectores de salud que registran las casa en busca de focos de Aedes aegypti), le metía la mano en el bolso a una anciana y registraba todo adentro. Cuando se dio cuenta que miraba embobecida lo que hacía, disimuló y se fue. Era la primera vez que veía como trabajaba un carterista. ¡Qué habilidad para no hacerse sentir! La señora nunca notó como exploraban su cartera.

La conversación continúo con el tema, de que “a nadie le importa lo que le pase a otro”. La administradora del cine “Yara”, también opinaba lo mismo y puso de ejemplo su caso.

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