Crónica social

Memorias del transporte (II)


La administradora del cine “Yara”, el más popular del Vedado en la capital, continúo con el tema de que “a nadie le importa lo que le pase a otro”. La complicación estaba en que, la gente tenía bastante con sus problemas, para cargar encima con los de otros.

Me puso el ejemplo de su trabajo. Ella no puede hacer absolutamente nada para resolver las quejas de las mujeres, con respecto a los tiradores o pajusos (masturbador exhibicionista) que no las dejan ver las películas tranquilas.

Siente malestar por el momento desagradable por el que pasan, ella también es mujer, pero no puede hacer nada. Incluso, me cuenta que estos personajes son asiduos del sitio, los ve como desfilan cada vez que inicia una tanda de películas.

El Malecón, es uno de mis lugares preferidos en La Habana y también uno de los más emblemáticos de Cuba. La brisa con aroma a salitre, que allí se respira, me trae un sosiego increíble. Un día una señora llena de collares y vestida de blanco, que pasó por mi lado y me veía apasionada mirar el mar, me dijo que yo era hija de Yemayá, la diosa africana del mar. Lo cierto es que las mejores lecturas las he tenido sentada en ese muro. Sin embargo, he podido disfrutarlas por poco tiempo.

En la Cuba de hoy, es una imprudencia sentarse más de una hora sola en el muro del Malecón. Incluso, creo que es mucho tiempo, para que una mujer contemple el lugar, si no va acompañada de alguien del sexo masculino.

El cine “Yara”, no es el único lugar, en que los pervertidos sexuales acosan a las mujeres. El Malecón también se ha convertido en el sitio preferido de estos exhibicionistas. Las autoridades no hacen nada ni siquiera los notan. Ellos están del otro lado del muro escondidos, en plena luz del día y al aire libre, mientras los policías buscan, a quien ponerle una multa y cumplir el plan.

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