Crónica social

NO IMPORTAN LOS OBSTÁCULOS

El 20 de septiembre había en la calle muchas personas vestidas de blanco.

Esta es la parada del P-1, frente al Capitolio habanero.

Todos miran al P-1 que viene.

Todos miran como se va …

y se va…

algunos se van, otros se quedan …

llegó el otro, … ¡a correr!

En fin, sorteándo todo tipo de obstáculos, estuvieron presentes en la plaza, más de un millón de cubanos.

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Crónica social

El 20/09/09, un día por la Paz

El 20 de septiembre fue un día especial. No hubo convocatoria, ni exigieron asistencias como actos de reafirmación revolucionaria. La mayoría de los que asistieron a la plaza fueron por voluntad propia, sin que se lo exigieran por el centro de trabajo o la escuela.

Digo la mayoría, porque algunos si fueron convocados. El novio de mi vecina, un estudiante de medicina, estuvo de guardia en la noche, y en la mañana lo fueron a recoger, para llevarlo al concierto. Evidentemente las primeras filas más cercanas al escenario, eran precisamente de miembros del PCC, UJC, estudiantes de las escuelas militares, de la universidad de ciencias informáticas, etc.

Pero eso no importa, yo estaba contenta, veía la alegría en los rostros de los jóvenes, que apretados en las guaguas, a pie, bajo el extenuante sol del medio día, se dirigían al concierto por la paz. Rostros que pocas veces se ven en las calles.

Ese día salí temprano de casa, fui para el Centro de la Habana. Desde entonces se veían los pullovers blancos de los transeúntes, que aumentaban a medida que avanzaba el día. Ya a las doce, la cosa comenzaba a complicarse, aumentaban los atuendos blancos y los tumultos en las paradas de los ómnibus del transporte público, para dirigirse a la plaza.

Menos mal que los P-n que iban llenos eran los que se dirigían hacia el vedado. Yo iba en sentido contrario, hacia el Calvario. Pero por el camino me deleité viendo a miles de cubanos, que hasta enganchado de las puertas insistían en estar presente en el concierto en la plaza. Yo no fui, lo vi desde mi televisor.

Desde mi tv vi el concierto en la plaza, a Olga Tañón con laringitis, cantando canciones que mi memoria recordó. Me hubiese gustado estar allí para verla en vivo, pero al escucharla regañar tres veces a los que empujaban la tarima, me acordé, de lo malitos que nos ponemos los cubanos, cuando estamos estresados o emocionados.

Tres y 21 de la tarde, comienzo a darme cuenta que la música cubana está perdida, cantaba Amaury Pérez , casi me da dolor de estómago. Es increíble que lo mencionen, como uno de los principales exponentes de nuestra cultura. Es detestable. Después que terminó, hubo problemas en las trasmisiones televisivas de Cubavisión nacional, la internacional no sé, estoy dentro de Cuba. Seguro no quisieron mostrar el rechazo de los presentes en el espectáculo.

¡Qué decir de Cucú Diamante y Yerba Buena! ¡Qué desagradable la cantante! Se ve que es parragueña (Párraga, una localidad del marginado y capitalino municipio Arroyo Naranjo), le faltó poco para congraciarse y gritar una consigna política de las que salen por inercia.

A las 4:55 de la tarde comenzó Juanes, presentado por el grupo cubano Orichas, que además de Olga Tañón, también logro mover al público. El final estuvo emocionante, llanto de los cantantes, principalmente el de la diva de Puerto Rico. Me erizaron la piel. Me gustó la posición que asumieron Juanes y Olga, para ellos mis respetos.

Busqué la impresión de varios amigos que habían visto el concierto por televisión o que fueron a la plaza, y todos coinciden que el concierto estuvo por debajo de las expectativas. Esperaban algo más contundente o emotivo. Es decir, se divirtieron, pero hubo cantantes que no tenían porqué estar ahí. Tuvieron que esperar demasiado para disfrutar. Juanes y Olga se fueron muy rápido. Nada de lo que medió entre ellos, a excepción de los Orichas, les gustó.

Un millón quinientos cincuenta mil personas en la plaza ¿Cómo regresaron después a sus hogares? por eso no fui, nada más de imaginármelo siento miedo y náuseas.

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