LA FURIA REPRIMIDA


Por Laritza Diversent
foto: los cubanos quieren y estamos esperando algo
Alberto es el seudónimo que decidió utilizar un amigo que tiene la esperanza de que el futuro de su tierra cambie. Un cubano que está optimista porque existe la posibilidad que se restablezcan las relaciones entre la isla y Estados Unidos. Obama y Raúl Castro están dispuestos a dialogar. Así lo han afirmado en declaraciones internacionales.
Hace unos días me dejó una carta para que la publicara en Internet. Esta molesto porque el compañero que reflexiona esta saboteando las posibilidades de un dialogo. La furia reprimida le cegó el alma. Un escrito agresivo, titulado “¿Por qué no te callas?”, fue el resultado de aquel sentimiento.
“No se malinterpreto Fidel. Obama no se equivoca. Todos lo vimos y escuchamos. Perfectamente dijo,… que está dispuesto a conversar de todo… A diferencia tuya, parece que siente por este pueblo. …Porque gracias a Dios, hoy hay un interlocutor inteligente y digno, que no se deja manipular por ti, ni por tu verborrea”.
Así comienza la misiva que escribiera Alberto para Fidel, a quien acusa de desplegar “maniobras desestabilizadoras” para que las conversaciones entre ambos países no se materialicen. En su ira incontrolable le dice al mayor de los Castro “señor egocéntrico y mentiroso”
Lo compara con Valeriano Weyler, Fulgencio Batista y Gerardo Machado. Le asegura que ninguna de estas figuras es como él, que para alimentar su ego traicionó los sentimientos de un pueblo que lo quiso como un padre y que le brindo lo más preciado del ser humano, su propia vida.
Lo acusa de traicionar a sus padres muertos, a y todo la población cubana que siguen padeciendo. Le pide de favor, por sus hijos, “que aun sin conciencia viven endeudados, míseros y a espalda del mundo”, que se calle y deje que al fin este pueblo recobre lo que le pertenece, su destino.
Alberto pretendía expresarse y que el mundo supiera que es lo que quiere el pueblo cubano: “Queremos restablecer relaciones con el gobierno de Obama, relaciones de vecindad de todo tipo con el pueblo norteamericano. Queremos sentirnos ciudadanos con deberes, pero también con derechos. Sentirnos que somos normales, que podemos parecernos a otro pueblo, y no sentirnos más como bichos raros”.
Algo tan sencillo se mezclo con ira y odio, frustraciones e impotencia. Sentimientos escondidos en lo profundo del alma de muchos cubanos, que no pueden influenciar en las políticas del gobierno de su país, y que tampoco tiene forma de expresarse.
En Cuba hay muchos Alberto deseos de cambios, pero molestos porque no pueden participar en ellos. Muchos que son ignorados y se sienten culpables de callar, y sólo esperan la oportunidad de desatar su furia reprimida.
publicado en Semanario Digital Primavera

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