Sobre la ley cubana

Dentro de un puño

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Tercera semana de marzo de 2003. El mundo estaba atento al enfrentamiento bélico que tuvo lugar en Iraq. En Cuba llegaba la primavera: negra para algunos, intrascendente para otros. No obstante, todos sentimos que nuestras vidas cabían en un puño y podían ser aplastadas con una sola orden.

En esa época yo cursaba el segundo año de la Licenciatura en Derecho en la Universidad de la Habana. Los estudios y el cuidado de mi hijo pequeño, absorbían la totalidad de mi tiempo. No leía el periódico ni veía televisión, por tanto no me enteré, cuando el 18 de marzo, el locutor del Noticiero de la Televisión cubana (NTV), Rafael Serrano, de forma dramática y enérgica, anunciaba la detención de “decenas de contrarrevolucionarios”.

Amarilis Cortinas Reyes, periodista independiente, lo vio. Primero sintió impotencia, luego la abrazó el miedo. El mismo que inundó el hogar del periodista y bloguero Reinaldo Escobar y del abogado independiente, Presidente de la Asociación Jurídica Cubana, Wilfredo Vallín. Ansiosos cada uno de ellos esperó, el momento en que le tocara la puerta, la Seguridad del Estado.

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Los topos

El clima de inseguridad fue en extremo amenazante. Nadie sabía quién era la próxima víctima. La única opción: esperar. Cortinas Reyes avisó rápidamente a los amigos, que según su parecer, podían tener problemas. Habló con el poeta y periodista, Raúl Rivero, quien al otro día pasó a formar parte del grupo de los 75 detenidos de la Primavera Negra.

También alertó al doctor Belíz; quien junto a Odilia collazo, la señora Godínez y el señor Orrio resultaron ser unos topos (agentes infiltrados) de la policía política. En ese momento entendió que fueron inútiles sus intentos por ocultar documento y quemar sus manuscritos. No había nada que hacer. Simplemente esperar mientras el miedo devoraba sus nervios.

Fue en el 2003 que conocí existían disidentes al gobierno socialista, aunque no al punto de clasificarlo como movimiento opositor. En la de Facultad la Derecho había una estudiante de Pinar del Río, que abiertamente decía que se iba del país porque su padre era disidente. Nunca supe su nombre. A ella, la primavera también llegó negra: se convirtió en el “hazme reír” de buena parte del estudiantado, cuando en los juicios su progenitor, compareció como testigo en la acusación de los 75. Así fue como me enteré de los enjuiciamientos.

Me quedó la misma percepción que a Claudia Cadelo, autora del blog Octavo Cerco: ¡Cuidado con lo que haces, somos omnipresentes! En esa época, la bloggera era una adolecente y vivía una paranoia que hoy le causa risa. Acababa de leer el libro 1984, que plantea la teoría que la mayoría de los ciudadanos eran agentes encubiertos de la Seguridad del Estado. Los juicios en la televisión, le demostraron la tesis.

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La lista y la espera

El 18 de marzo de 2003, sorprendió a Reinaldo Escobar con la detención de Adolfo Fernández Sainz. Ambos promovían la Carta de Derecho y Deberes de los Ciudadanos Cubano. Un documento de 47 puntos, en proceso de consulta, que por la propia situación del momento no tuvo una amplia divulgación. Los días sucesivos esperó que le tocaran la puerta.

“Fueron jornadas de mucho miedo, en el que la gente se aislaba de mí y de otras personas que estaban más o menos amenazadas de poder ir a prisión. Sólo cuando salió en el periódico la noticia y que parecía que se habían acabado las detenciones, muchos empezamos a respirar con tranquilidad”, testimonia Escobar.

Ese día también fue apresado Osvaldo Alfonso Valdez, líder del Partido liberal democrático de Cuba. La noticia llegó a oídos del Lic. Vallín Almeida, quien estaba vinculado a la organización política. Decide llamar a Héctor Maceda, esposo de Laura Pollán y segundo al mando del movimiento, no reconocido estatalmente. Le respondió un agente de la Seguridad del Estado, que le aseguró, era el próximo en la lista.

Reinaldo escobar cree que la decisión, de quien estaba fuera o dentro de la lista, era completamente aleatoria. Opina que fue una manera en que el sistema cubano demostró, que podía disponer quien iba a la cárcel y quién no.

Amarilis Cortina, junto a otros periodistas independientes, redactaron y enviaron una carta a las personas de buena voluntad de todo el mundo, para que intercediera y se solidarizaran con la situación represiva sufrida. En su parecer, los reclamos y presiones internacionales, paralizaron la ola de detenciones.

El licenciado Vallín redactó también una misiva directamente a Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado. En la misma denunciaba las violaciones en el procedimiento penal, seguido en las detenciones y registros en los domicilios de los arrestados.

Pasó la Primavera Negra del 2003, 75 disidentes fueron sancionados a largas condenas por ejercer su derecho a asociarse y expresarse libremente. Siete años después, 55 de ellos quedan en prisión, bajo condiciones infrahumanas de existencia y críticos problemas de salud.

Dos mil Diez: llega nuevamente la época de florecimiento. Ahora marcada por la muerte del prisionero Político Orlando Zapata Tamayo, tras 86 días de huelga de Hambre, en reclamo por el respeto de los derechos humanos. Muy poco ha cambiado la situación en Cuba. Aun continúan las protestas internacionales y las viejas fórmulas de represión.

Los tiempos siguen siendo negros. La lista se engrosa con nuevos actores, empeñados en continuar la labor de aquellos que fueron encarcelados. La espera se trasmutó, al igual que el ansia de los que aguardan. El miedo aun impera, sin embargo, ya no importa si tocan a la puerta. Solo queda la expectación por el cambio.

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