Crónica social

Frustración y sueños imposibles

Mientras espero por el transporte público que me acerque a mi casa, miro los rostros de los transeúntes que pasan. Me pregunto que habrá en las mentes de cada uno de ellos, de paso reflexiono acerca de la realidad que me tocó vivir.

Hace poco me impresionó un señor de unos 50 o 60 años, sucio y desaliñado. Caminaba dando tumbos con un pomito de refresco en el bolsillo trasero de su pantalón. El líquido amarillento del envase, revelaba que es alcohol de quinta categoría. ¿Que lo habrá llevado a ese punto?

Vio que lo observaba y se acercó lentamente. Su lengua tropelosa me impidió entender la jerigonza que pronunció. Mis glándulas salivares reaccionaron ante su aliento y el hedor de animal de corral que lo acompañaba. Asentí y me alejé. Lo seguí observando de reojo, para no volver a llamar su atención.

En un instante dejó vacía la acera, repleta de personas que esperaban desde hacía 25 minutos el P-8 (ómnibus del transporte público) frente al capitolio. Hablaba de sus proezas en Angola, a la par que articulaba frases en portugués. Mientras, yo con la curiosidad por saber que depresión lo hizo refugiarse en el alcohol.

Quizás el arrepentimiento por haber tomado el camino equivocado, especulaba en mi pensamiento. No supo reponerse antes sus errores. En una cadena de ideas, terminé pensando en mi hijo y en el momento que me confesó, que quería ser deportista para viajar al extranjero. ¿Por qué las nuevas generaciones ya sueñan con salir del país? ¿Será deseo o el instinto de vivir en libertad?

Reflexioné: ¿Sería ese el camino correcto para llegar a realizar un sueño? Para mí no lo es. No después de ver como mi vecina, una de las mulatas predilecta de los turistas, terminó en un correccional por esa misma ilusión.

Los sueños son posibilidades no siempre realizables, concluí. Luego suspiré, aun es un niño. A sus 10 años de edad, le falta la experiencia para decidir su futuro. El P-8 demoró unos 10 minutos más, lo suficiente para ver como el indigente, que no paraba de tambalear, se alejaba después de sentir el rechazo.

En ese lapso de tiempo me asaltaron las dudas ¿Cómo podré evitar que mi hijo, cuando crezca, se refugie en el alcohol para escapar de sus frustraciones? ¿Qué hago cuando entienda que hablar de futuro en este país, es referirse a sueños imposibles?

Laritza Diversent

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