Sobre la ley cubana

¿Mala suerte?

¿Qué es la mala suerte? Yo te puedo explicar. Es que con tan solo siete años de edad tengas un accidente fortuito. Imagínate a tu hermana más pequeña subiendo una loma. Llama su atención, una piedra de dos quintales con forma de un caballo. Monta y se mece en ella, imaginando que cabalga en la pradera. Está cansada y al bajarse, la piedra rueda pendiente abajo a una velocidad estrepitosa. Tú, Acostada en la orilla del río, boca arriba te entretienes, buscando nombres para las forma de las nubes.

Gritos, dolor y tu pierna debajo del inmenso pedrusco. Un sueño irresistible, se cierran tus ojos y ya no están las nubes, solo una inmensa oscuridad en el profundo vacío. La cruz de la discapacidad, ya no te llamarás María, ahora te dicen “la coja”. Eres la tercera de un matrimonio que tuvo catorce hijos. Viven en plena Sierra Maestra (macizo montañoso del oriente cubano). De hecho, cuidabas a tu hermana de cuatro años, cuando se le antojó montar sobre un corcel de piedra. Necesidad y miseria en aquella familia inmensa.

Doce años de edad y arrastras aun la pierna. Demasiado trabajo reconstruir huesos astillados. La cuarta cirugía en cinco años, meses de recuperación entre una y otra. Poco estudio, apenas sabes leer y escribir. Los médicos decidieron operar. Un error de cálculo, aun tus tendones no se han desarrollado completamente. Tus piernas quedan disparejas. Una más delgada y pequeña que la otra.

El primer amor o un boleto a la libertad, te confundes. Resultó ser un bribón borracho, que le molestaba el llanto de su niñito recién nacido. Regresas a casa, nada es igual, no tienes dinero para comprar la leche de tus dos hijos. Agua con azúcar para poder amamantar al pequeño. Esta delgadito y débil. Abuelo te regala cinco pesos. Antes tuviste que dejar saciar su morbosidad. Corres para la tienda a comprar el alimento de tus niños. A cuesta, tu cojera. En un brazo cargas a la criatura que apenas tiene tres meses de vida. En la otra mano, la pesada jaba; en el asa de ésta, agarrado, el otro chiquitín de dos años.

Aliviada del peso, caminan juntos hasta la casa. El te observaba y galante se ofreció para ayudarte. Han pasa tres días, viajan juntos para la capital. El segundo matrimonio, sientes miedo; pero ya no hay remedio ¡A comenzar una nueva vida! “Cuarenta y veinte” como dice la canción de José José, ¡Qué locura!; pero fue la vía que encontraste para sacar al más pequeño de la desnutrición.

-Ya no me cuentes mas, entendí que es la mala suerte.

-No, aun no lo sabes. Mala suerte es que, con un destino negro, te abandonen las fuerzas para luchar.

Laritza Diversent

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