Mi Isla

Circo y pan

La capital esta eufórica después de la victoria de Industriales contra Villa Clara. Nunca antes había sentido tan fuerte el fanatismo, ya no por el beisbol, sino por un equipo. No hay sexo ni edad, Cuba entera estuvo pendiente de la temporada de los play off, este año. Esencialmente después de la bronca entre peloteros y policía en el estadio deportivo “José Antonio huelga, en la provincia de Santi Spiritu.

La final, desesperante para los que no le gusta el beisbol, entre los que me incluyo. Siete noches estuvieron los hombres de casa pendientes del televisor y gritando. Unas veces molestos, otras, contentos por un jonrón. Dondequiera salía el tema de la pelota: en la parada, en la guagua y en las calles, acaloradas discusiones entre vecinos.

¡Qué casualidad! De siete juegos había que ganar cuatro y los equipos los discutieron todos. Muy conveniente para engrosar el patrimonio estatal. ¡Y qué hablar del trabajo de marketing! ¡Excelente! Pullovers, camisetas, viseras, gorras y simulación de matrículas de auto con la inicial y el nombre del equipo capitalino. ¡Imagínense! Hablamos de una ciudad de más de un millón de habitantes.

En los parabrisas de los autos, en los centros comerciales, estatales y particulares, la imagen de un león comiendo se una naranja. Para mí era totalmente intrascendente, pero me llamó la atención la coincidencia de los dibujos en varios lugares. Hasta que mi hijo me explicó que a los industriales les llamaban los leones de occidente y a los villaclareños, los naranja. Incluso me contó, que en su escuela hicieron una conga con motivo de la victoria.

La fiebre aun no baja, pero la tarde del jueves fue horrible. Estaba en el Vedado y me asusté cuando vi a un tumulto de gente correr en dirección de L y 23. El tráfico quedó paralizado ¿Qué pasa? Pregunté; pero nadie parecía escucharme. Todos miraban en una misma dirección: rumbo a Rampa y Malecón.

Lo confieso, por unos minutos pensé que se trataba de una manifestación, una protesta o revueltas. Tal vez sean las ganas, pero no. Miles de personas se trasladaron hasta allí para recibir al equipo de Industriales.

Los jugadores pasaron en un ómnibus saludando. ¿Toda esa movilización, solo por eso? ¿Hicieron una convocatoria en el Granma? Pregunté. Una uniformada de bachillerato, que tenía dibujado en el cachete la inicial del equipo, me miró con cara de pocos amigos.

La policía no podía controlar a la multitud enloquecida en medio de la vía pública. Eso no fue lo peor. Lo más terrible sucedió después, cuando fui a buscar la guagua para regresar a casa. No había forma humana de montarse en un ómnibus público. El transporte se congestionó por horas.

No es exageración, me sentí dentro de un filme de la Antigua Roma, cuando los senadores calmaban al populacho con circo y pan. En más de una semana los capitalinos no se preocuparon por la comida. No había buenos días, la jornada comenzaba con: ¿A quién le vas? ¿Cuánto? las apuestas también formaron parte de la excitación.

Laritza Diversent

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