Crónica social

Un viaje en el P

La solidaridad es un término muy utilizado para caracterizar al pueblo cubano. Sin embargo, esa percepción se pierde cuando usted monta en un ómnibus del transporte público. Si, un Metrobus: desde el P-1 hasta el P-16, incluyendo el P-C. No hay que ser muy observador para notar como se ha perdido la sensibilidad, sin tapujos, la educación.

Lo primero que ve, es una masa arrolladora de persona para subir o bajar de la guagua, sin reparar en embarazadas o ancianos. Un señor que mira al otro extremo de la calle, a través del cristal, para no ver la madre que esta parada junto a él y lleva un niño en brazo.

Un padre que le avisa a su hijo adolescente, para que tome el puesto donde está a punto de sentarse una viejita. Alguien que se molesta cuando un impedido le pide asiento.

El conductor que acelera en la curva a una velocidad tal, como si transportara ganado. Consecuencia una discusión porque una persona no se aguantó bien y cayó encima de otra. La bronca puede también comenzar por un pisotón o un empujón.

En las peleas, a veces interviene el chofer. A menudo paran fuera de parada. Golpes bestiales en la parte superior de las puertas, es la respuesta inmediata. Otras veces corren invitaciones, entre ofensas y amenazas, a boxear.

En un P, como se le llama a los nuevos ómnibus de transportación masiva, usted debe cuidar bien su billetera, bolso, cadena, manilla o reloj. Puede que no se dé cuenta cuando lo pierda.

Si es mujer y está en medio del tumulto, procure no molestarse si siente el rose de ‘algo’. La situación esta mala, enseguida la mandaran a tomar un taxi. En fin, Un rato en un P, es como ver una película del sábado: lenguaje de adultos, violencia y sexo.

¡Cuidado! No juzgue a simple vista. Es lógico que, entre o se finja, un sueño profundo después de levantarse a las seis de la mañana. Hacer un viaje de una hora parado y apretado entre tanta gente o coger varios P para llegar al trabajo.

Exaspera que te pisen el cayo del pie, mientras piensas que no tiene que cocinar en casa o te falta el jabón para bañarte. Pone de mal humor, saber que no tienes dinero para sustituir los zapatos rotos del niño ir a la escuela.

La mar de problemas que afrontan los cubanos en su cotidianidad, lentamente los lleva a la decadencia. Es una ironía que los ciudadanos del pueblo, que más hace por los desposeídos del mundo, una nación libre de analfabetismo, regrese a la barbarie. Es como ir de lo sublime a lo ridículo.

Laritza Diversent

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