Sobre la ley cubana

Yo y mi otro yo


Fidelidad, lealtad, sacrificios, palabras que escucho desde pequeña, pero que no entiendo. No comprendo a que debo serle fiel ¿A mi país, a mis principios o la Revolución? ¿Cómo hago para decir una cosa y después actuar de otra forma? Me suena todo a falsedad ¿Cuántas veces repetí el juramento de defender las conquistas del Socialismo?

-Cuando te pusieron la pañoleta, cuando ingresaste en la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) y en la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). Distes el paso al frente a cada llamado.

-Todavía no sé porque lo hice.

-Sí, si lo sabes. Querías entrar en el Instituto de Relaciones Internacionales.

-Por gusto, al secretariado de la Unión de Jóvenes Comunistas no le pareció suficiente mi aval. Se le dieron a otro, a uno de los de la ‘guara’. No importa, todo sea por la Revolución. ¿Y qué es la Revolución? Recuerdo el cartel de L y 23, se me grabó la primera frase “es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Eso quiero yo en mi vida, un cambio. Quiero tener una casa espaciosa, un carro y poder comprarle a mi hijo, el juguete de sus sueños, el día de los reyes magos.

-¡Yahíma no seas ambiciosa! Como puedes desear tanto cuando hay miles de personas muriendo de hambre en el mundo, niños que no tienen hogar, ni pueden ir a la escuela.

-¡Dios perdóname; pero déjame soñar! Estoy cansada de perder, 5 horas de las 24 que tiene el día, esperando el transporte; de vivir hacinada en 12 metros cuadrados, con los horcones podridos y el techo cayéndome encima. Hoy tengo treinta años y me queda un sabor amargo en la boca. Estudié, me hice una profesional. Pensé que era el camino para realizar mis sueños y me equivoqué.

-¿De qué te quejas?

– Tal vez como puta me hubiese ido mejor. ¿Cuántas veces critiqué a mi vecina por venderse por unos dólares? Pero fueron más las que deseé tener sus ropas para asistir a mi graduación. ¡Qué injusta la vida!, ella abandonó los estudios y jineteó desde los 14 años, mientras yo me sacrificaba y estudiaba ¿Sabes? En aquel entonces me sentía privilegiada. Hoy, ella está en Italia. Viene de visita, renta un auto y va a los lugares que yo solo conozco por revista, mientras yo sigo intentando sobrevivir con un salario de mierda, que no me dura tres días del mes. El resto tengo que depender de mi marido, yo, que siempre añoré ser una mujer independiente.

– No entiendo que es lo que quieres.

-Estoy confundida, ni yo misma sé lo que quiero: unas veces morir, otras, huir aunque sea en una balsa. Pero soy cobarde, no tengo valor de poner un fin a la vida de perros que estoy llevando. Tampoco hago nada para que llegue el cambio. ¿Pero qué puedo hacer? Solo hablar conmigo misma y llorar mis penas en esta soledad. No sé porque, pero a veces sueño despierta que tengo todo lo que quiero en un lugar que jamás he visto. Todo limpio, bonito, con sombras y silencioso. No debe ser Cuba.

-¿A lo mejor los santos te están avisando que podrías escapar de esta pesadilla?

-¿No sé cómo?, únicamente que me encuentre un Yuma (extranjero). ¿Sabes que extrañaría si dejara esta tierra? Este calor insoportable, sentarme en el portal de mi vecina y hablar de todo, aunque no tenga la remota idea de lo que estoy diciendo, el juego de dominó, el cuento malicioso, el lenguaje de doble sentido, la bulla, el pregón de los merolicos ambulantes.

-¡Niña despierta y aterriza que aun estas en Cuba! A dormir, mañana hay que madrugar para llegar temprano al trabajo…

Laritza Diversent

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