Historias de cubanos, juventud cubana, Peligrosidad social predelictiva, Remesas

Proclives al delito

Yuniel Mariño recién cumplió sus dieciocho años. No trabaja ni estudia. Las mañanas las pasa en el parque con los amigos. Las tardes, igual; pero pasando una botella de ron de mano en mano. En las madrugadas llega tarde a casa, muy silencioso a pesar de tener unos tragos de más.

El Chama, así le dicen a Yuniel en el vecindario. Lleva puesta cadenas, manillas y varios dientes de oro. Su padre vive en Miami y le manda una mesada mensual para sus gastos. El muchacho es inteligente, para no quedarse corto de dinero y vivir holgadamente, de vez en cuando invierte en un negocito callejero.

Demasiada especulación para el gusto de los dirigentes del Comité de Defensa de la Revolución (CDR). Mariño salió a relucir como un posible potencial delictivo, en la reunión mensual de la Comisión de Prevención Social.

La referida comisión tiene como objetivo fundamental prevenir que los vecinos del barrio incurran en actividades socialmente peligrosas o delictivas. Está integrada, entre otros, por miembros del Poder Popular en la localidad: Jefe de sector policial, el delgado municipal, el presidente y el de vigilancia de los CDR y el secretario del Partido Comunista de Cuba en la zona.

La trabajadora social persuadió a Yuniel para que se vinculara laboralmente. Le ofreció un trabajo en una unidad básica de producción agropecuaria que se dedica a la siembra de hortalizas. El se negó. Alegó que con la remesa mensual que recibe del extranjero, no necesita trabajar por un salario de 315 pesos moneda nacional en la agricultura.

No obstante sus argumentos, el jefe del sector policial le levantó un acta de advertencia por conducta antisocial y le dio un ultimato para que buscara empleo. Orden que no cumplió. Después le llegó otra oferta laboral, esta vez para la construcción. Tampoco aceptó.

Yuniel fue amonestado por la autoridad policiaca, según la legislación penal, por mantener una actitud potencialmente peligrosa para la sociedad y el orden social, económico y político del Estado socialista.

A la negativa le siguieron dos advertencias más, y el inicio de un proceso penal. El Fiscal de su municipio solicitó al tribunal, le impusiera una medida de seguridad predelictiva por presentar índices de estado peligroso.

En su obstinación el Chama jamás pensó que estuviera demostrando, que su conducta era manifiestamente contradictoria a las normas de la moral socialista. Su forma de vida perturbaba el orden de la comunidad, por tanto lo consideraron una persona proclive al delito.

Yuniel nunca se había metido en la casa de un vecino a robar. No traficaba ni consumía droga. No asaltó ni mató a nadie. Sin embargo fue sancionado a trabajar un año y seis meses en la agricultura, internado en correccional. Este es la suerte que corren los jóvenes que intentan, desafiar el sistema.

Laritza Diversent

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