Derechos humanos, Historias de cubanos, Mi Isla, Permiso de entrada y salida, Sobre la ley cubana

EL REGRESO

En el 2003, Manuel Arias se acogió a la ciudadanía española. Obtuvo visa de la madre patria, gracias a que sus padres fueron inmigrantes en la isla. Cuando salió de cuba el gobierno le impuso el abandono definitivo. Nacionalizó sus propiedades, por medio de la confiscación y sin derecho a indemnización.

No tiene carnet de identidad, ni cuota para recibir los alimentos racionados. Lógico, ya no vive en Cuba. Cuando viene de visita, tiene que pagar los servicios como si fuera un extranjero. Sin embargo, para entrar en el país, necesita pasaporte cubano, como si aun fuera un ciudadano del Estado.

Manuel quiere regresar definitivamente, aun sigue casado legalmente en la isla. No tuvo suerte por España, está desempleado. Aquí tampoco le iban bien, pero allá está solo. No le importa empezar de cero a sus 55 años. En marzo del 2009, cuando vino de visita, y después que se le vencieran las prorrogas de estancia en el país, intentó quedarse. Las autoridades de emigración lo deportaron.

Se pregunta a sí mismo, porqué el gobierno le niega el derecho a retornar. El pobre no entiende que, el día que decidió residir en otro Estado, lo sancionaron con el destierro. Le confiscaron sus propiedades, tiene que pagar para entrar a su tierra y para quedarse por más tiempo.

Lo que el señor Arias no comprende es que, residiendo afuera, reporta ventajas al gobierno. Adentro es un estorbo. Se acerca a la tercera edad y regresa tal como se fue, sin nada.

Laritza Diversent

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