Emigración, Mi Isla

La diferencia

Foto: Orlando Luis Pardo

Teresa navarro, una señora de 52 años costarricense, me contó que quiso ser abogada, pero desde los 13 años de edad, tuvo que trabajar. Según ella, se asfixio y perdió sus objetivos. A los 19 términos casada y tuvo cinco hijos nacidos en la pobreza. Vive en un rancho sin puerta, pisos, ventanas, divisiones y sin cielo raso. Me explica que ella no es la única que vive en esas condiciones.

La señora Navarro no estudió, sin embargo, tuvo la oportunidad de convertirse en una empresaria independiente. Maneja un negocio de salud por redes de mercado, para la compañía 4life a través de la que puede hacer clientes en cualquier parte del mundo. ¿Sabe cuántos cubanos son multados a diarios por hacer negocios? No le hablo de dirigir empresas. Me refiero al hecho de vender pastelitos en una esquina, de pregonar una ristra de ajo o cebolla por una calle.

¿Acaso no sabe que el gobierno prohíbe al cubano cualquier actividad económica individual? Se asombraría si le dijera que las sanciones van desde una multa de 1500 pesos moneda nacional, el salario básico de un obrero en un semestre, hasta perder todos los bienes ¿Es eso culpa del bloqueo norteamericano?

Me relató también que el gobierno de su país, necesita permiso de la iglesia católica para emprender políticas de planificación familiar, de la corrupción de funcionarios estatales y que la asistencia social está condicionada a la participación de los ciudadanos en las campañas políticas del gobierno de turno. En ese punto en Cuba las diferencias son pocas. Las altas esferas de poder son corruptas y los cubanos que disientes de las políticas de los dirigentes son tratados como no personas.

Para hacerme ver la diferencia, entre su realidad y la mía, me dice que “por lo menos Cuba produce los mejores médicos de América Latina”. En eso le doy toda la razón. Cuba produce médicos para exportar, al punto de dejar el sistema nacional de salud, sin profesionales.

También reconozco que el empleo está garantizado para todos, sin embargo, la abstinencia laboral es generalizada. No puede ser diferente, cuando los salarios son una miseria. No alcanzan para satisfacer las necesidades más elementales de un trabajador, 5 días del mes. El resto hay que vivir de las remesas del exterior, quien tiene familia y le manda dinero; o de la ilegalidad, única que apacigua el hambre de los cubanos.

Esos problemas pueden ser iguales o peores en otros países de Latinoamérica, con la diferencia de que ellos pueden salir en busca de sus sueños, y después regresar a su tierra si quisieran. Les haya ido bien o mal, siempre podrán volver.

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