Emigración, Mi Isla

Mi isla duele

Cuba produce pasiones; pero también dolor. Me tomé el atrevimiento de reproducir los comentarios de algunos lectores, que muestran cuánto duele esta Isla, en medio del Mar Caribe. 

Laritza Diversent

Gabriel

“He conocido a varios cubanos residentes en España, y su máximo trauma no fue precisamente la pérdida de su casa. Te hablo de una señora de unos 60 años que me dio clases de música cuando yo tenía unos 16 años. Es decir, en la década de los 60. Para ella su máximo trauma fue que no le dejasen sacar de Cuba su albún familiar de fotos. Tampoco le dejaron contactar por teléfono o por correo, con los familiares que quedaron en Cuba.

Le borraron el recuerdo de toda su vida. Esos álbunes de fotos carecían de ningún valor. Le prohibieron que los sacase, solo para hacerle daño. Esa nostalgia por los álbunes de fotos perdidos, me la han repetido unos cuantos cubanos distintos. Los recuerdos pueden ser más valiosos que los objetos”.

Dora Amador

“…pocas personas en Cuba, piensan en el dolor del desarraigo. El trauma inenarrable que significa salir de la patria. Es mi caso. Yo salí a los 13 años, tengo 61. Toda mi vida, no he tenido anhelo mayor, que el de regresar a mi país, lo cual, si Dios quiere, haré, a una Cuba libre, maravillosamente democrática. Sé que no será fácil lograr la institucionalidad democrática, no ya en la república, sino en nosotros mismos, respetando la pluralidad de ideas y la validez de las elecciones, etc.

Ser exiliado es uno de los sufrimientos más horribles que puede experimentar un ser humanos. Ya lo pudiste observar en el caso de Adrián Leiva, que murió intentando entrar a SU PAIS, porque el gobierno no se lo permitía. Es mi caso, no me dejan entrar, no me dan permiso para regresar a mi país. Muy pronto todo esto va a cambiar para siempre”.

Anae

“Cada funcionario que atiende, al que sale de Cuba, tiene como una especie de licencia que le permite maltratarlo, con o sin palabras, a través de cada gestión. En mi caso fue en una de las oficinas en los últimos días, donde multiplican los documentos a cerrar, para no permitirte despedirte de tus familiares y amigos en paz, siempre pensando que algo falta y “sin eso” no te puedes ir.

La falta de un simple documento es fatal… y aterroriza. Suficiente para perder el sueño, para despedirte aprisa y para no voltear el rostro aunque te tragues las lágrimas. Luego, mientras esperas el vuelo, quisieras salir y decir que lo sientes, que esperas regresar un día con calma, pero tampoco es posible. Son muchos los que no han podido regresar a reconciliarse con ese momento y es por eso quizás, que llevan una carga pesada. Muchos más, que los que han podido hacerlo…”

Eneas

“Sí, las heridas no sanan, son muchas; lo dejado atrás: madre, hijos, amigos de la infancia, etc., en fin, tu vida viviendo cada día la nostalgia y sufriendo, porque muchas de esas heridas, te seguirán por siempre. Solo deseo que Cuba pueda volver a la normalidad, donde se respeten los derechos de cada ciudadano y se pueda vivir en paz y concordia ¿Lo veré? no sé…”

Modesta García

“… yo también salí de Cuba hace 30 años y no he regresado, porque yo también tengo las heridas abiertas, y no he podido olvidar. Fueron 10 años de espera, pues las salidas estuvieron cerradas del 70 al 80, sin esperanzas. Empecé a trabajar con el gobierno, y como quería salir del país, era agente de la CIA. Me inventaban sabotajes, me vigilaban etc., ni puedo enumerar cuantas intrigas, sufrimientos y tormentos. Todo eso, me enfrió el deseo de volver a Cuba.

Aunque me dicen que ahora es diferente, yo sé que no es verdad. Los últimos acontecimientos demuestran que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Entonces no me siento masoquista, para desde que pones un pie en el aeropuerto, empiezan las humillaciones de los empleados. Vine a este país buscando libertad, la tengo y la disfruto y no quiero ni por un segundo carecer de ella.

Con esto no quiero decir que no siento nada por Cuba, al contrario todo lo que acontece, lo siento y me preocupa y deseo fervientemente su libertad, pero mientras no haya libertad, no pienso volver. No critico al que va a ver a sus padres, hermanos, hijos, etc., pues eso es humano.

Si critico, a aquellos que visitan la Isla buscando el sexo barato de infelices muchachas, que lo hacen por necesidad y a los millonarios entre comillas, que se llenan de joyas enchapadas en oro, para que crean que están en buenas y le deben a cada santo una vela. Desgraciadamente esas son las cosas tristes de los viajes a Cuba. Ojala esta pesadilla termine, un día para siempre”

Estándar