Historias de cubanos, Mi Isla

Susurros al viento

Miré la imagen de preso político Ariel Sigler, después de salir de prisión. Cerré los ojos, y a la vez, me embargaron varios sentimientos. Nuevamente sentí la reacción del efecto ejemplarizante.Enjuague las lágrimas y me repuse.

Intenté imaginar el futuro, antes pronuncie en voz alta ¡Qué poder de destrucción e indolencia! ¿Quién pagará por tanto sufrimiento? ¿Cuál será la fórmula para no albergar odio y rencor? ¿Qué dirán los que hoy afirman, que los que disienten en la isla, lo hacen por dinero? ¿Qué precio tienen siete años en prisión o el riesgo de ir a ella?

Es hora de pensar en el presente. ¿Qué presente? Vivimos momentos únicos, sin embargo, no deja de respirarse incertidumbre e incredulidad ¿Qué pasará mañana? Nadie lo sabe ¿Cómo y cuándo terminará la situación (si es que algún día, termina)? Una pregunta para la que no hay respuesta. ¿Cual es más nefasta, la tragedia griega o la cubana?

Dice un refrán: “Todo lo que empieza tiene que acabar”, otro, “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. Los refranes son leyes de la vida cotidiana, pero que triste cuando esa misma cotidianeidad, te llena de pesimismo.

Este es mi presente: caminar a diario por las calles, tomar el transporte público y sentir el reinado de la enajenación. Hay una sola realidad y preocupación para los rostros ensimismados que transitan por las avenidas: que poner de comer en la mesa. Duermen, pero no tiene sueños. Saben que habrá un mañana, pero están resignados a no pensar en el futuro.

Ellos ignoran que hay un dialogo ‘inédito’ entre iglesia y la dirigencia histórica, para liberar presos políticos, que gobiernos democráticos del mundo presionan, para que se respeten los derechos humanos en la isla. Solo saben que hay una ‘guerra mediática contra Cuba’. Así les informa Granma, la Mesa redonda y el Noticiero Estelar (NTV).

Al contrario, yo trato de informarme y trasmitir lo que sucede, para que la noticia corra de boca en boca, se forme la bola y después la avalancha. El interlocutor guarda silencio. Sientes la mirada de duda cuando con fe, pronuncias la palabra cambio. Parece que no entiende, te confunde ¿Será sordo, ciego o mudo? No, simplemente cree estás loca. Ahí quedo todo, tiene miedo repetir lo que oye, y tus palabras quedan, como un susurro en el viento.

Laritza Diversent

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