Abuso de poder, Mi Isla

Escenario confuso

Antes de constituirse el actual Consejo de Estado, el 25 de febrero de 2008, Fidel Castro renunció a los altos cargos de este órgano. En un mensaje público explicó que su estado de salud no le permitía ocupar “una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estaba en condiciones físicas de ofrecer”.

A mediados de julio de 2010, después de varios meses de ausencia en los medios de comunicación oficial, apareció notablemente recuperado. Los comentarios no se hicieron esperar ¿Pretende recuperar sus cargos y volver al poder?

Se especula que intenta dar un “Golpe de estado de mano” a Raúl Castro, después de haberle cedido hace cuatro años, la dirección del país por motivos de salud. Su hermano menor le gurda respeto, demasiado para tratarse de un hombre que tiene la responsabilidad de dirigir una nación.

Tampoco dudo que extrañe su posición como el numero uno de la isla. Sin embargo, el tiempo no pasa por gusto. El escenario actual no permite retroceso. Cualquier acción puede ser arriesgada. Un 20 % de abstención en las urnas en las recientes elecciones, reafirma que el descontento popular se escapa del control.

Alguien me preguntó, si en la pasada sesión extraordinaria, la Asamblea Nacional podría acordar una nueva convocatoria para elecciones y colocar al mayor de los Castro a la cabeza del Estado. La idea desde el punto de vista legal parece descabellada.

Primero, falta una razón de peso que justifique un cambio en la dirección del país. Segundo, si el motivo aparece, reafirmarían las luchas por el poder. No obstante, en Cuba, todo puede suceder.

Es cierto, la figura del “compañero que reflexiona”, levanta la interrogante sobre quién realmente gobierna y decide en el país. Sin embargo, su avejentada imagen y todo lo que implica -incoherencia y lagunas mentales- lo convierte en un inepto para la dirección. La percepción se generaliza. No creo que la mayoría de la población avale su regreso, aunque tampoco dudo que lo impongan.

No hay dudas, el mesías manda un mensaje solapado: “cuidado, aún estoy en juego”. Intenta ganar espacio entre los jóvenes ambiciosos que quieren ganar la confianza y puesto en las altas esfera de poder. Sin embargo, sospecho que detrás de su figura, se esconden los intereses de otros personajes.

Claro que su repentina aparición, está relacionada con el inédito dialogo con la excarcelación de los prisioneros políticos de la “Primavera Negra” del 2003. Salta la duda si realmente el gobierno cubano emprenderá acciones concreta para mejorar la situación de los derechos humanos dentro de la isla, que merezcan un cambio de política por la Unión Europea y Washington. De paso, pone en tela de juicio la capacidad de Raúl para tomar decisiones y emprender cambios imprescindibles dentro del sistema.

Las pugnas por el poder no se ven pero se sienten. La actuación interna de los órganos represivos no siempre sigue la misma línea. Por una parte reprimen –detenciones arbitrarias e intimidaciones contra disidentes. Por otra, muestran una tolerancia que obliga a preguntar quién da las órdenes. El escenario es confuso

Laritza Diversent

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