Mi Isla

Buscando culpables



El cielo la tierra se unió para Danay, cuando Lester, su ex esposo, con tremenda tranquilidad le confesó que no la quería. Lo intento todo por salvar su matrimonio de 10 meses. La joven, hasta ayer cristiana, perdió la fe en Dios y en los hombres. Hoy busca al culpable que le dejó el amargo sabor de sentirse utilizada.

Danay de la Caridad Gonzales tiene 17 años. Desde pequeña sus padres la formaron en los dogmas de la religión cristiana protestante. Actualmente reside en Mantilla, un barrio marginal de Arroyo Naranjo. El municipio más pobre de Ciudad de la Habana.

Lester Martínez tiene 23 años y es oriundo de Palma Soriano, en Santiago de Cuba. Lleva 3 viviendo ilegal en la capital. La mayor prueba de amor para ella, fue que él se convirtiera a su religión, a pesar de la poca gracia que Dios le dio y de su cuerpo huesudo. Ese que la delata como hija legítima del ‘período especial’.

Dios los junto en una ceremonia sencilla ante los feligreses de su iglesia. Vivieron juntos en una de las habitaciones de la casa de los padres de la muchacha. Una vivienda construida, sobre lo que hace unos años, fue un basurero. A pocos metros, corren el riachuelo de aguas albañales del vecindario. Las autoridades declararon insalubre la zona.

Solo faltaba, conforme a la ley de Dios y de los hombres, legalizar la situación de Lester en la capital. Su procedencia de otra provincia del país, exigía que la tramitación se realizara según lo dispuesto en el decreto 217/97 de “Regulaciones Migratorias para Ciudad de la Habana”.

Existía un detalle con el que no contaban los jóvenes. Según las disposiciones del decreto, las autoridades locales no reconocen el domicilio con carácter permanente, cuando la vivienda ubicada en la capital, está en zona insalubre. El amor incondicional de Danay no pudo evitar que Lester pusiera fin a la relación, no se sabe si porque lo quiso Dios o las disposiciones del Decreto 217/97.

¿Por qué te casaste conmigo? Preguntó Danay. El joven llegó a la capital en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, le fue imposible reunir los 150 pesos moneda libremente convertible que le cobran por oficializar le el cambio de dirección. Por ese motivo no ha podido continuar sus estudios, ni trabajar legalmente.

Lester estaba cansado de llevar vida de s gitanos. Evitando las multas por las contravenciones impuestas por el decreto 217/97, pasaba tres meses por Bejucal, y otros tres en Mantilla, en casa de los primos que habían logrado asentarse en la gran ciudad. Esa que él no ha podido conocer ni disfrutar, por temor que un policía lo reconozca y lo deporte hacia su lugar de origen.

Nada justifica el engaño, sentenció Danay. Miró al cielo y preguntó ¿Dónde estabas Dios que no me evitaste esta decepción? ¿Por qué permitiste que me utilizaran de esa manera? Luego a la tierra, y con ironía dijo al joven ¿Hasta que la muerte nos separe o hasta que te diste cuenta que no podía realizarte el cambio de dirección?

El Señor perdió una oveja de su rebaño y Lester, a pesar de la culpa, aprendió que no bastaba casarse con una residente en la capital, para oficializar el cambio de dirección y con él, ejercer su derecho a la residencia y libre circulación.

Aun esta renuente a regresas a su provincia. En lo adelante, tendrá en cuenta que su futura esposa debe residir en zona salubre y en una vivienda con las condiciones mínimas adecuada exigidas por las regulaciones migratorias para Ciudad de la Habana (más de 25 metros cuadrados de superficie habitable y 10 para cada conviviente).

Danay se siente victimas de todos, menos de los que pusieron en vigor al Decreto 217/97. Una disposición que convierte en ilegal a un cubano en su propio país. La misma que deja a Lester, como medio para legalizar su situación en la capital, el matrimonio con o sin amor.

Laritza Diversent

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