Mi Isla

Entre el invierno y la primavera

Entre el invierno y la primavera Justo cuando está por terminar el invierno y comenzar la primavera, entre el retoño de ramas y el renacer de las flores, Cuba, la islita del mar Caribe, aprieta su pecho e intenta contener el dolor de sus heridas. Cierra sus ojos, quiere llorar, pero no puede. Su manantial de lágrimas está seco. Se une todo. El sufrimiento por la muerte, y el odio y la melancolía que divide sus entrañas. Esta encadenada. Otra vez la engañó el oportunismo, y ahora es presa del ansia de poder. La martillan recuerdos tristes y la indolencia de aquellos que dejaron morir a sus hermanos, los que no podían valerse por si solos, de hambre. No olvida la imagen de agonía del más humilde de sus hijos. El albañil que a pesar de lo difícil del suelo, cimentó con su vida la lucha por la libertad de espíritu, pensamiento y palabra. También están sus otros hijos, los 75 presos de la intolerancia y el miedo, los que padecieron cárcel por pensar. Extraña tanto a los que están en tierra ajena, condenados al destierro. Mira su manto. Aun guarda las manchas de sangre de sus tres retoños de ébano. Es tan difícil, en una misma herida sentir el odio de quien ordenó jalar el gatillo y el dolor por aquellos que, por partir de su lado en busca de un sueño, encontraron la muerte. Cabizbaja, aprieta en su mano, la larga lista de desaparecidos. No tiene sosiego. Sus hijos divididos por un mar de 90 millas, unos odiándose, otros castigados por la nostalgia. Sueña con el día que se libere. Les rogará a todos que vuelvan a su seno y en un inmenso abrazo los hará olvidar, con ese poder que solo tiene la madre patria, todas sus diferencias. Así pasan las estaciones del año, pero cuando se va el invierno y llega la primavera, Cuba, la islita del mar Caribe, agita su alma. Laritza Diversent

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