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Gross juzgado por Tribunal y defensa parcializados

El caso del contratista norteamericano, Alan Gross, juzgado en la Habana este 4 de marzo, por un delito contra la seguridad del estado cubano, motiva recelos e interrogantes. No son poco los que se preguntan si dentro de la isla, se respetaron sus derechos como acusado o si el tribunal que lo enjuició es independiente.

En este último aspecto, la Constitución cubana se contradice. Consigna que los jueces, “en su función de impartir justicia, son independientes y no deben obediencia más que a la ley”, pero a la vez los subordina a las decisiones de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado.

De hecho, el último de estos dos órganos político, constitucionalmente tiene la atribución de interpretar la ley y de impartir instrucciones a la Fiscalía y a los tribunales. El caso del contratista tiene dimensiones políticas y su encarcelamiento se convirtió en un obstáculo para la normalización de las relaciones, deterioradas hace más de 50 años, entre Cuba y Estados Unidos.

La probabilidad de que la política haya predispuesto a los jueces, es alta. Por otra parte despierta duda, la dilación en las investigaciones y la decisión de las autoridades de solicitar a Gross, 20 años de cárcel, bajo la supuesta comisión de “actos contra la independencia del estado o la integridad de su territorio”, uno de los preceptos más imprecisos y severos de la legislación penal.

Su detención sin cargos, en diciembre de 2009, fue excesivamente prolongada. Luego de 14 meses de encierro, la fiscalía presentó la acusación ante el Tribunal de la Habana. Todo indica que a las autoridades se les dificultó el trabajo de investigación.

La Ley de Procedimiento Penal prevé que entre la detención y el ejerció de la acción penal pública, transcurran no más de 100 días. Sin embargo, la propia ley concede al Fiscal General de la República, la facultad de prorrogar este término indefinidamente, a solicitud del jefe del Ministerio del Interior o de la fiscalía.

Tal vez pueda ser cierta la sospecha, de que el enjuiciamiento de Alan Gross tenga la finalidad, de convertirlo en moneda de cambio. Se especula acerca de la posibilidad de que el gobierno cubano, en cumplimiento de su promesa de regresar a sus cinco héroes, intente intercambiar al norteamericano por estos.

Raúl castro, presidente de los Consejo de Estado y de Ministro, fallidamente intentó esta acción, con los 52 disidentes del grupo de los 75 enjuiciados en la Primavera Negra. Es demasiada coincidencia que la defensa de Gross, la abogada cubana Nuris Piñero Sierra, de 61 años de edad, también represente a los cinco agentes de la inteligencia cubana, presos en Estados Unidos.

Todo parece indicar que al subcontratista norteamericano le tocó un tribunal y una defensa parcializada.

Laritza Diversent

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El encuentro con James Carter

La madrugada me abrazo tan fuerte como lo hizo la exasperación. Temía perder la oportunidad de compartir con el ex presidente norteamericano James Carter y su equipo.

Dos taxis para recorrer los 15 Km que separan al Calvario, un pueblecito en el municipio Arroyo Naranjo, del Parque de la Fraternidad, en el corazón de la Habana Vieja. Aun faltaba otro tanto más para llegar al Hotel Santa Isabel, próximo a la bahía habanera.

“No mires el reloj, te pones más nerviosa”, me decía a mí misma, mientras mis pasos se desbocaban sobre los adoquines del Bulevar Obispo. No todos los días, una figura internacional está dispuesta a escuchar, en igualdad de condiciones, las voces disidentes.

“Llegue tarde, pero llegue”, me repetí ya sentada a la mesa, donde también estaban mis amigos blogueros Claudia Cadelo, Yoanis Sánchez, Reinaldo Escobar, Elizardo Sánchez de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y reconciliación Nacional, Leannis Imbert representante del grupo que defiende los derechos de los homosexuales LGTB, Osvaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano para la Liberación y el anfitrión, el Señor Carter, junto a su esposa y equipo.

En aquel espacio tan breve como el tiempo, se escucharon las voces libres e independientes de un grupo de cubanos, preocupados por el futuro de esta isla, en medio del Caribe. No fuimos los únicos, también tuvieron la oportunidad, representantes de las Damas de Blanco y los disidentes recientemente liberados de las cárceles cubanas.

No se dijo todo, pero al menos supimos las principales preocupaciones de los actores de la sociedad civil cubana. Un buen punto de partida para trabajar en pos del respeto de los derechos humanos en la Isla.

Para mí fue un honor poder compartir con el ex presidente norteamericano y también con mis amigos. El saloncito ya tiene su espacio en mi memoria. ¿Qué significo para ti?, era la pregunta que pretendía responder, cuando comencé a escribir este post. Casi a punto de terminarlo, considere injusto encerrar en una cuantas palabras la trascendencia de este encuentro en mi vida.

No, obstante puedo confesar que valió la pena haber atravesado la Habana, casi sin aire en los pulmones. Reconforto muchísimo sentir el interés de estas personas en escuchar a gobernantes y disidentes, sin presión.

Igualmente aprovecho mi espacio, para agradecer, una vez más al Centro Carter y al ex presidente norteamericano, la oportunidad de habernos dado un espacio, para expresarnos con total libertad.

Laritza Diversent

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