Mi Isla

Entre antenas, multas y novelas

 

Migdalia y Ramón no han podido ver la telenovela de la tarde desde que inspectores estatales le confiscaron la antena a mediados de febrero.

Laritza Diversent

Migdalia Estévez y Ramón Suarez, un matrimonio de jubilados, gracias al esfuerzo de sus dos hijos residentes en Estados Unidos, pasan su tiempo de ocio mirando programas extranjeros, principalmente las novelas de la tarde de TV51, en la Florida.

“La la televisión cubana es aburrida y tediosa, por lo menos con el cable me entretengo y es menos el tiempo que paso extrañando a mis seres querido”, comentó la señora de 64 años, para referirse a sus hijos y una hermana, que viven en el país norteño.

A mediados de febrero, los inspectores del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC), hicieron una redada buscando antenas satelitales en Párraga, un barrio del municipio Arroyo Naranjo, en la periferia de la capital cubana.

El MIC en el año 2000, penalizó administrativamente la tenencia, instalación de antenas satelitales, la recepción y distribución de programas de televisión extranjeros. “por las emisiones televisivas ilegalmente distribuidas llegan a diario mensajes desestabilizadores e injerencistas”, afirmó Granma, en su edición del 27 de enero.

En el reportaje, “Cadena de ilegalidades”, el diario, órgano oficial del gobernante Partido Comunista, advirtió que el pueblo “se mantendrá vigilante ante quienes insisten en violar la legislación vigente”. Sin embargo, los programas de TV foráneos, tienen fuerte demanda en el mercado negro.

Los precios por la instalación de antenas oscila entre los 300 y 400 pesos convertibles, por la distribución del servicio cobran entre 10 y 15 CUC mensuales. Los equipos de conexiones satelitales para recepcionar señales de televisión se volvieron imprescindibles para el negocio ilegal, después que en el 2009, Estados Unidos convirtiera sus su señal televisiva en digital.

Migdalia dormía la siesta del medio día, cuando sintió un ruido en el techo. Se levantó sobresaltada. Cuando abrió la puerta, un hombre ya dentro de su propiedad le preguntaba “¿Dónde está?”, sin esperar respuesta se introdujo en la casa.

Registró la sala. En los cuartos, tendido sobre el suelo, miró bajo la cama. Hasta que, debajo del televisor, cubierto con un paño, encontró un equipo de conexión satelital. La señora Estévez, se quedo sin habla y casi al borde de una crisis nerviosa. Cuando reaccionó ya le habían impuesto una multa de 10 mil pesos.

“Cuba cuenta con medios técnicos modernos para el enfrentamiento a cualquier tipo de ilegalidad”, aclaró Granma en una nota publicada el pasado 8 de marzo, refiriéndose al uso del espacio radioelectrónico. Un día antes la televisión nacional satanizó el uso de las antenas en su serie documental “Las Razones de Cuba”.

“Montar estaciones de satélite, necesita licencia”, explico al Diario el ingeniero Carlos Martínez, Director General de la Agencia de Control y Supervisión (ACS) del MIC. Igualmente informó que es obligatorio obtener permiso que emite la AC, de acuerdo con determinadas reglas técnicas.

La ACS trabaja en la detención de estaciones ilegales. La empresa tiene a su cargo el control de las redes informáticas y los sistemas de comunicación nacional e internacional que funcionan en el país.

A parte de la tecnología “cara” adquirida por la isla, también cuenta con “un cuerpo estatal de inspectores”, que “cierra el círculo a las violaciones”, informo el diario. “Cuba no está en contra del uso de la tecnología, al contrario… pero se requiere orden, control”, advirtió el único periódico de tirada nacional.

“Me asaltaron por sorpresa, pensé que eran ladrones y casi me muero del susto”, intentó explicar a su esposo la señora Estévez, refiriéndose a los inspectores del MIC, mientras le extendía el talón de la multa. El matrimonio Suarez Estévez, sin embargo, lo que más lamenta es perderse la novela de la tarde de TV51.

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