Mi Isla

El olor en el algarrobo

David fue hallado culpable de asesinato por el tribunal de Camagüey, después que instructores de Ministerio del Interior, capturaron la huella de su olor, en el tronco de un algarrobo.

Laritza Diversent

El Tribunal de Camagüey en su sentencia número 57 de 30 de marzo de 2007, condenó a Delvis David Peña Mainer, a 40 años de cárcel por el asesinato de un joven de 23 años y su esposa de 17. El hombre, de 44, se declaró inocente, pero el juzgado camagüeyano, lo encontró culpable por el “cumulo de pruebas existentes en su contra”.

Según el órgano de justicia, David, el 27 de enero de 2005, esperó a su vecino, detrás de un árbol de algarrobo. Ya en su presencia le lanzó brutales machetazos hasta matarlo. La esposa del joven, escuchó los gritos de auxilio y salió a socorrerlo, pero al ver el crimen, se volvió corriendo. Peña Mainer, la persiguió y amacheteó. La muchacha murió desangrada por tantas heridas.

El matrimonio se mudaría de “Tiempo Nuevos”, una localidad del municipio Vertientes en Camagüey. En el barrio se rumoraba, que el joven sostuvo relaciones sexuales con la hija de su vecino David y se encontraba también con su esposa. Peña Mainer “decidió limpiar el ultraje a que estaba siendo sometido, eliminándolo físicamente”, confirmó el tribunal en su sentencia.

David fue sometido a tres operaciones en la columna, tras un accidente en 1999. En el 2000, lo incapacitaron para el trabajo permanentemente. El tribunal determinó que “no padecía de enfermedad que le impidiera la marcha”, sin embargo, no se refirió a la capacidad de este, para correr detrás de una joven aterrada y alcanzarla.

El cuerpo del muchacho, estaba a más de 11 metros del algarrobo. “El instructor actuante sugirió de manera sagaz la toma de muestras de olor del tronco”, consignó el tribunal. David reconoció haber estado allí 15 días antes y 5 después del crimen, pero el tribunal expresó que el argumento no justificaba “la presencia de su impresión olorosa en dicho lugar”.

Igualmente los jueces, desestimaron pruebas testificales de la defensa, relacionada con la “técnica canina aplicada”. Según el tribunal, el instructor confirmó que “el can perdió el rastro” y la prueba no tuvo trascendencia, sin especificar cuando fue que se realizó esta.

En su sentencia el tribunal tampoco expuso sobre las medidas que tomaron para asegurar la escena del crimen, contra toda contaminación ambiental o la curiosidad de personas. Los hechos “provocaron una gran conmoción en la población”, aseguró el juzgado.

Según el tribunal las lesiones en ambas víctimas, fueron realizadas por una persona zurda, como Peña Mainer, a quien además, le ocuparon una mocha. En la empuñadura del arma se encontró sangre, “… aunque no se pudo determinar a qué especie correspondía”, consignó el tribunal.

Los jueces aceptaron un experimento realizado a 4 mochas, para demostrar la similitud de la melladura que vio un amolador, vecino de Peña Mainer, cuando despalmó la ocupada al sospechoso, días después del crimen. El testigo reconoció una, que fue estropeada contra la cabeza de un cerdo, por un perito Zurdo. En la sentencia no se explica con que objetos se mellaron las restantes.

Después de cuatro años en prisión, Delvis David busca nuevos elementos para demostrar su inocencia. Tenía la esperanza de comparar la muestra de sangre encontrada el arma, con el ADN de las víctimas, pero los jueces ordenaron entregar la mocha, a la Unidad de Trabajo Correccional con Internamiento de Sabanilla, en Camagüey.

En realidad, tiene pocas probabilidades de que un tribunal superior revise su caso. No después que el juzgado de la provincia de los tinajones, mandara “la destrucción y arrojo” de varias prendas de vestir de las víctimas, algunas con “maculas de aspecto hemático”, huellas de sangre del lugar de los hechos y dos porta objetos levantados en el árbol del algarrobo, donde se quedo impregnado su olor.

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