Mi Isla

Una piedra en el zapato

Laritza Diversent

No quiero convencer a nadie de que cuba es un infierno. Ni cambiar la opinión de aquellos que la imaginan como un paraíso. Sin embargo, me molesta leer en la prensa nacional que en Washington se implementas medida para recrudecer el bloqueo.

No soy política, pero cada día amanece para mi lleno de vicisitudes con el transporte, los alimentos, las medicina, etc. Todo es un problema y no creo que el responsable sea el embargo norteamericano, aunque si es la justificación perfecta.

después de 50 años, la medida norteamericana se convirtió en política y es una medida política, no económica. En las tiendas de recaudación de divisas hay productos norteamericanos y Cuba exporta alimentos también de ese país. Sin embargo, la cosa sigue estando mala por culpa del bloqueo, por lo menos es lo que a diario se lee en la prensa nacional.

Por otra parte, el ciudadano común no siente el embargo a pesar de vallas propagandísticas que le recuerdan que, en una semana sin bloqueo, se pueden comprar 11 locomotoras. Todo eso es intrascendente cuando busca que poner en la mesa, o intenta evadir la persecución policial, por una libra de café y dos de queso.

Hay una sola verdad, el embargo no ha logrado la caída del régimen comunista y su eliminación tampoco supone la desaparición de las inconformidades sociales. Lo triste es que ambos gobierno lo han tomado como una carrea de resistencia, pero la factura la pagan otros.

Alan Gross, el subcontratista norteamericano, intento poner su granito de arena en mejorar las comunicaciones de cuaba con el exterior, un gesto que se valora y agradece. Sin embargo, eso no es suficiente, cuando enfrenta una condena en Cuba. Uno de los tantos resultados del diferendo político entre Cuba y Estados Unidos.

Si quieren saber lo que pienso, estoy a favor de la eliminación del embargo o por lo menos las normas que lo agravan. Lo considero que es una medida ineficaz, aunque reconozco que las personas a las que el gobierno cubano confiscó sus propiedades dentro de la isla, merecen una justa indemnización.

Es hora de hacer propuestas y negociar, si verdaderamente se piensa en el futuro de Cuba. Esta el momento y la oportunidad. La popularidad del líder carismático esta en el suelo, la economía socialista en bancarrota y no hay forma de satisfacer las demandas sociales.

Solo falta que desaparezca “la amenaza externa”, para que los cubanos actúen por sí solos, no manipulados por el hambre. En vano piensan aquellos que, una agravación del bloque, nos hará salir con los calderos para la calle. Si antes no sucedió, ahora menos.

Es cierto, posiblemente el gobierno de la isla, después de una hipotética eliminación del embargo, mantendrá los permisos de salida, continuara deportar a los orientales para sus provincias, ni nos permitirá invertir en la economía en igualdad de condiciones, como si lo hacen los extranjeros.

Tampoco dejará de reprimir a todo el que se oponga a sus políticas. En fin, no habrá más libertades. Sin embargo puede desaparecer el bloque informativo, los cubanos podrían tener más contacto con el exterior, y sobre todo, no habrá justificación, para esos dirigentes que durante 50 años le echan la culpa al bloque de su fracaso.

Es hora de pensar con los pies en la tierra, principalmente aquellos que han viven del otro lado del mar, bajo una democracia. No es justo que hagan política con nuestra infelicidad. El embargo es una piedra en el zapato, para la transición.

 

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