Sueños que cuestan

José a sus 35 años sueña con manejar un Audi descapotable color plateado. Tiene los ojos abiertos, no le fue difícil regresar cuando su ventilador se detuvo por el apagón. El calor de la noche puso en actividad su cerebro. Pensaba en una solución para sus problemas existenciales.

Quería prosperar económicamente, pero convencido de que, cualquier cosa que inventara, lo llevaría la ilegalidad, y con ella, la posibilidad de ir a prisión. “Si fuera mexicano, arriesgaría mi vida cruzando la frontera”, dijo para sí mismo. Pero estaba en Cuba, un país que regula con rigor, la salida del país.

Ideo un plan atravesar el mar de 90 millas que lo separaba del sueño americano. Construir una embarcación rustica a la que el gentilmente llamó bote. Invitó a sus dos mejores amigo a participar de su empresa. Cada uno buscó dos tanques de hierro (55 galones), de los que comúnmente la población almacena sus reservas de agua.

Comenzaron su trabajo dentro de la sala de su casa. Primero Sellaron los recipientes con no más de 20 litros de agua dentro. Luego, los unieron entre sí con angulares, dejando entre ellos espacio para colocar neumáticos inflables de camión. Solo faltaba instalar la quilla rompe olas, cuando tocaron a la puerta.

Los nervios afloraron a la piel cuando vieron al jefe de sector, acompañado de con dos policías en un auto patrullero. Primero dijeron que los vecinos se quejaron por la bulla de martillos y motores, luego, que tenían información de que estaban construyendo una embarcación para salir del país.

Venían con una orden de registro, que ejecutaron al momento. Decomisaron aquello que poco se parecía a una barca y los condujeron detenidos hasta la estación policía. Para su sorpresa los soltaron a les cinco horas, sin ningún tipo de sanción.

Ingenuos, a los 15 días recibieron una resolución de la Capitanía de Puerto en la que le imponían una multa de 3 000 pesos moneda nacional, por construir una embarcación sin autorización.

La infracción, calificada de muy grave, está tipificada en el Decreto ley 194 de 19 de junio de 1999 “De las infracciones sobre la tenencia y operación de embarcaciones en el territorio nacional”, complementado por la Resolución No 2 de 7 de diciembre de 1999 del Ministerio del Interior que establece procedimiento para su aplicación.

La norma emitida por el Consejo de Estado, tipifica 14 infracciones calificadas de leves, graves y muy graves, sancionables con multas que van desde 500 pesos hasta 10 000 pesos, incluyendo la posibilidad de aplicar subsidiariamente la sanción de decomiso. La Capitanía de Puerto es la autoridad facultada para aplicar las medidas sancionadoras.

José adicionó a sus ya agobiantes problemas económicos, una multa que supera lo que podría ganarse legalmente, en un año. Dicen que soñar no cuesta nada, pero intentar hacer realidad un sueño, puede salir muy caro.

Mi isla duele

Cuba produce pasiones; pero también dolor. Me tomé el atrevimiento de reproducir los comentarios de algunos lectores, que muestran cuánto duele esta Isla, en medio del Mar Caribe. 

Laritza Diversent

Gabriel

“He conocido a varios cubanos residentes en España, y su máximo trauma no fue precisamente la pérdida de su casa. Te hablo de una señora de unos 60 años que me dio clases de música cuando yo tenía unos 16 años. Es decir, en la década de los 60. Para ella su máximo trauma fue que no le dejasen sacar de Cuba su albún familiar de fotos. Tampoco le dejaron contactar por teléfono o por correo, con los familiares que quedaron en Cuba.

Le borraron el recuerdo de toda su vida. Esos álbunes de fotos carecían de ningún valor. Le prohibieron que los sacase, solo para hacerle daño. Esa nostalgia por los álbunes de fotos perdidos, me la han repetido unos cuantos cubanos distintos. Los recuerdos pueden ser más valiosos que los objetos”.

Dora Amador

“…pocas personas en Cuba, piensan en el dolor del desarraigo. El trauma inenarrable que significa salir de la patria. Es mi caso. Yo salí a los 13 años, tengo 61. Toda mi vida, no he tenido anhelo mayor, que el de regresar a mi país, lo cual, si Dios quiere, haré, a una Cuba libre, maravillosamente democrática. Sé que no será fácil lograr la institucionalidad democrática, no ya en la república, sino en nosotros mismos, respetando la pluralidad de ideas y la validez de las elecciones, etc.

Ser exiliado es uno de los sufrimientos más horribles que puede experimentar un ser humanos. Ya lo pudiste observar en el caso de Adrián Leiva, que murió intentando entrar a SU PAIS, porque el gobierno no se lo permitía. Es mi caso, no me dejan entrar, no me dan permiso para regresar a mi país. Muy pronto todo esto va a cambiar para siempre”.

Anae

“Cada funcionario que atiende, al que sale de Cuba, tiene como una especie de licencia que le permite maltratarlo, con o sin palabras, a través de cada gestión. En mi caso fue en una de las oficinas en los últimos días, donde multiplican los documentos a cerrar, para no permitirte despedirte de tus familiares y amigos en paz, siempre pensando que algo falta y “sin eso” no te puedes ir.

La falta de un simple documento es fatal… y aterroriza. Suficiente para perder el sueño, para despedirte aprisa y para no voltear el rostro aunque te tragues las lágrimas. Luego, mientras esperas el vuelo, quisieras salir y decir que lo sientes, que esperas regresar un día con calma, pero tampoco es posible. Son muchos los que no han podido regresar a reconciliarse con ese momento y es por eso quizás, que llevan una carga pesada. Muchos más, que los que han podido hacerlo…”

Eneas

“Sí, las heridas no sanan, son muchas; lo dejado atrás: madre, hijos, amigos de la infancia, etc., en fin, tu vida viviendo cada día la nostalgia y sufriendo, porque muchas de esas heridas, te seguirán por siempre. Solo deseo que Cuba pueda volver a la normalidad, donde se respeten los derechos de cada ciudadano y se pueda vivir en paz y concordia ¿Lo veré? no sé…”

Modesta García

“… yo también salí de Cuba hace 30 años y no he regresado, porque yo también tengo las heridas abiertas, y no he podido olvidar. Fueron 10 años de espera, pues las salidas estuvieron cerradas del 70 al 80, sin esperanzas. Empecé a trabajar con el gobierno, y como quería salir del país, era agente de la CIA. Me inventaban sabotajes, me vigilaban etc., ni puedo enumerar cuantas intrigas, sufrimientos y tormentos. Todo eso, me enfrió el deseo de volver a Cuba.

Aunque me dicen que ahora es diferente, yo sé que no es verdad. Los últimos acontecimientos demuestran que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Entonces no me siento masoquista, para desde que pones un pie en el aeropuerto, empiezan las humillaciones de los empleados. Vine a este país buscando libertad, la tengo y la disfruto y no quiero ni por un segundo carecer de ella.

Con esto no quiero decir que no siento nada por Cuba, al contrario todo lo que acontece, lo siento y me preocupa y deseo fervientemente su libertad, pero mientras no haya libertad, no pienso volver. No critico al que va a ver a sus padres, hermanos, hijos, etc., pues eso es humano.

Si critico, a aquellos que visitan la Isla buscando el sexo barato de infelices muchachas, que lo hacen por necesidad y a los millonarios entre comillas, que se llenan de joyas enchapadas en oro, para que crean que están en buenas y le deben a cada santo una vela. Desgraciadamente esas son las cosas tristes de los viajes a Cuba. Ojala esta pesadilla termine, un día para siempre”

Extranjerización de los cubanos

Sandy Olivera es un joven cubano, que desde hace dos años, emigró como refugiado político hacia los Estados Unidos. Su novia se quedó de este lado del mar. Hace una semana regresó a Cuba para casarse con ella.

La oficialización del matrimonio tuvo lugar en la Notaria Especializada de 23 y J, en el Vedado, municipio Plaza de la Revolución, en esta capital. Para unirse, como manda la ley, él tuvo que pagar, 525 CUC y 100 moneda nacional en sellos. Como si fuera poco, el notario sin mucha desazón le pidió un regalito, 5 CUC.

El gobierno cubano le cobra a Sandy como si fuera un extranjero, ¿Será que residir en los Estados Unidos es una de las causas legalmente establecidas para que un cubano pierda la ciudadanía?

La Constitución de la República establece que cuando se adquiera una ciudadanía extranjera, se perderá la cubana. Aclara además que, La ley establece el procedimiento a seguir para la formalización de la pérdida de la ciudadanía y las autoridades facultadas para decidirlo.

Significa que el hecho de adquirir otra ciudadanía no implica por sí sola, la perdida de la cubana. Para que así sea, las autoridades gubernamentales tienen que decidirlo. De hecho, cubanos con ciudadanía norteamericana tienen que entrar en la isla con pasaporte cubano. Es decir como ciudadanos del Estado socialista.

En la práctica se da una doble ciudadanía. Lo que sucede es que el gobierno reconoce exclusivamente la cubana, ignorando la nueva adquirida. Ese, no es el caso de Sandy. Él no ha realizado ningún trámite para convertirse en ciudadano norteamericano, por tanto no ha perdido su condición de ciudadano cubano.

Lo demuestra el hecho de haber pagado 220 CUC por el permiso de entrada al país, tal como lo disponen las autoridades cubanas. Sin embargo, entró en Cuba como ciudadano cubano, pero ya dentro de la isla, tiene que pagar por los servicios que reciba en moneda libremente convertible como si fuese un extranjero.

Este es el ‘Estado de derecho’ que tanto defiende el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez. Un Estado que, en el artículo 41 de su Magna Carta reconoce que “todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes”, pero que discrimina a los que residen en otras partes del mundo.

Los cubanos residentes en el exterior no son extranjeros. Se entiende que, el ‘Estado Socialista subvencione los servicios que recibe la población’ y que ellos tienen un poder adquisitivo mayor, que el de los residen dentro de la isla. Las situaciones de hecho, sin embargo, no justifican que el gobierno viole derechos constitucionales.

Laritza Diversent