Medio de subsistencia

Foto. Orlando Luis Pardo

Miguel era un trabajador que hacía cinco años laboraba como cocinero en una empresa estatal. Se levantaba a las tres de la madrugada para realizar un viaje de más de 12 kilómetros y llegar temprano al trabajo. Cumplió con todas las orientaciones del sindicato, cotizaba y resultó vanguardia en dos ocasiones.

El salario que recibía no le alcanzaba para solventar sus necesidades económicas. No obstante, entre sus planes no estaba la opción de abandonar el empleo. Tiene una esposa y tres hijas menores que mantener. Unas veces más, otras menos, compensaba las carencias con lo que allí resolvía.

Miguel se llevaba, parte de los alimentos del almuerzo de los otros trabajadores, para sostener a los suyos. Aceite, pollo, pescado, huevo, calamar, vianda, granos, etc., la necesidad lo impulsaba a llevarse lo que fuera. Era su responsabilidad, asegurar la subsistencia inmediata de los familiares a su abrigo.

En ocasiones, muy discretamente, vendía en el barrio alguno de los productos que hurtaba. Con ese dinero cubría otros gastos. Sus hijas necesitan ropa interior y zapatos. Mercancías que sólo venden en las tiendas recaudadoras de divisa. Moneda que él no recibe cuando le pagan su salario.

Alguien informó lo que Miguel hacía. Fue separado del centro, y por ser su primera vez, el tribunal lo sancionó a seis meses de privación de libertad por un delito de hurto, trabajando internado en un correccional de la agricultura. En la sentencia no se tuvo en cuenta los motivos que lo llevaron a cometer los robos. El sufrimiento de la pena tampoco impide que, desde su nuevo trabajo, continúe robándose alimentos para llevarlos a casa, cuando sale de pase.

Antes del triunfo de la revolución, existía en la legislación penal cubana, la figura del hurto famélico. Una circunstancia, que en casos, eximia al autor de responsabilidad penal, y en otros, disminuía la pena. Se apreciaba cuando una persona, hambrienta o indigente, se apodera de los objetos necesarios para su supervivencia y de las personas a su abrigo.

La justicia revolucionaria eliminó esta figura de derecho penal. Supuestamente el nuevo sistema, implantado el 1ro de enero de 1959, atendía las necesidades de todos por igual. Se había eliminado la vagancia, el desempleo, la mendicidad y los vicios. Causa esenciales de la miseria.

Visto así, era innecesaria esa figura en el Código Penal. Para el legislador socialista, nadie, en las nuevas condiciones creadas, cumplía con el requisito de estado de necesidad extrema que lo impulsara a cometer el delito de hurto. Este es un país, en el que todos los ciudadanos, gozan de la oportunidad y el derecho al trabajo.

Es irónico que sea hoy, precisamente la clase ‘proletaria’ cubana, la que se encuentra en un estado de necesidad tal, que se ve obligada a hurtar los recursos del Estado para sobrevivir y mantener a su familia. Este, es uno de los problemas sociales que más afecta la economía nacional y que el gobierno enfrenta bajo el titulo “la lucha contra las ilegalidades”.

A la benévola justicia revolucionaria, le interesa más sancionar como efecto ejemplarizante, que perdonar un hecho delictivo cometido por necesidad. La revolución, 50 años después, demuestra es incapaz de atender, por igual, las necesidades de la población. Aumenta la holgazanería, la indigencia y corrupciones. El ‘pleno empleo’ por sí sólo, es insuficiente para hacer desaparecer la miseria, el estado de necesidad y con ello la comisión del hurto famélico.

La historia de Miguel se repite en muchas familias cubana. Se puede contar de diferentes formas y con otros personajes. La realidad es una: la situación económica que atraviesa el país. La mayoría de los trabajadores vinculados laboralmente con el Estado, convierten el hurto en un medio de vida indispensable para subsistir.

Laritza Diversent

Hermanos del ALBA

Tildados de oportunistas, los cubanos son el centro de atención de las autoridades de Ecuador. Parece ser que el término ilegalidad nos persigue, incluso fuera de las fronteras de esta isla. Muy pronto será un pecado contraer nupcias con ecuatorianos.

El Fiscal de Ecuador, Washington Pesántez, dio al respecto declaraciones a la prensa. Por la connotación de sus palabras, parece que los isleños están invadiendo su país. Se refiere a ellos como si fueran una plaga. “ya están demasiados” dijo. Incluso, afirmó que hay barrios “tomados” por cubanos.

Sobresale un cierto resentimiento. Es cierto, la necesidad de huir o sobrevivir, convierten a los cubanos en seres ingeniosos. Pero no al punto de convertirlos en una amenaza como quieren hacer ver, las autoridades ecuatorianas. Tampoco justifica que insinúen, son delincuentes

Los acusan de contrabandistas y afirman que, existe una red de comercio ilegal, desde Ecuador a Cuba. ¡Qué ironía! como si los cubanos pudieran entrar al país, con barcos llenos de mercancías sin declarar impuesto.

Un escándalo por unas pacotillas que terminan en el mercado negro, porque los precios oficiales de las tienda recaudadoras de divisa en la isla, tiene precios prohibitivos para sus ciudadanos. La iniciativa económica privada, está vedada para los cubanos en su país.

El gobierno cubano, ya tiene sus pesuñas sobre ellos cuando entran a la isla, y como si fuera poco, Ecuador le pide más apoyo. Las Autoridades de ambos países acordaron investigar y sancionar a ciudadanos que hayan contraído “matrimonios de conveniencia”. Es más fácil culparlos porque funcionarios de alto rango y notarios de Ecuador violaron “normas éticas” y aceptan o solicitan sobornos.

¡Claro que el incidente no afectará las relaciones entre ambos países! El gobierno cubano está dispuesto a castigar a los suyos. De eso no hay dudas. Principalmente decomisando pacotilla en el aeropuerto. Vergüenza deberían sentir los que gobiernan este país. Con que hipocresía, critican las políticas migratorias de Europa y Estados Unidos, mientras que a sus nacionales, que los parta un rayo.

La pregunta es si las autoridades de Ecuador, sancionaran a los ecuatorianos, por acceder a contraer nupcias por conveniencia ¿Convertirán en ilegal un acto voluntario y privado entre dos personas, solo porque una de ellas, se trate de un cubano?

No discuto el derecho que, como nación, tienen de establecer una “migración selectiva”, pero es sumamente hipócrita pedir sanciones para los cubanos. La cuestión no es el problema, sino su causa. El aumento de la emigración es culpa del ‘glorioso Estado socialista’.

Así son los hermanos de la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA), una vergüenza. Guardan silencio ante la violación de los derechos humanos de los cubanos y también acuerdan mejores métodos para reprimirlos.

Laritza Diversent

UNA SOLA CARA DE LA MONEDA

Laritza Diversent

Félix López, es un periodista del Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Odia a los que intentan convertir “un medio estatal” en “propiedad privada”, del que se corrompe para autoincrementarse el salario y de los ineficientes que en vez de prestar un servicio por el que cobran, actúan como si nos estuvieran haciendo un favor.

Aborrece a los taxistas que apagan el taxímetro y arreglan el precio de la carrera; a los funcionarios que por dinero agilizan los trámites; al técnico de refrigeración que no atiende los reportes de roturas de los equipos de la población. En otras palabras, el no soporta la ilegalidad, la corrupción y la ineficiencia en la prestación de los servicios.

Para el periodista, estos males, florecieron bajo la nueva significación, que adquirió el término “lucha” en el periodo especial. ¿Será que ese tiempo terminó? Recuerdo bien, aunque yo tenía solo nueva años, que la dirigencia histórica decreto su entrada, luego de dos décadas, aun no lo declara por terminado.

Según él, hay cosas que andan mal a nuestro alrededor, por obra y gracia de la impunidad, la permisividad y la tolerancia. Opina que la crítica situación económica, no justifica que se ensanche la ilegalidad. Moraleja, los problemas sociales que afectan a la población se resuelven con mano dura.

Se niega a pensar, que es difícil recuperar los valores, el amor por el trabajo, “el respeto sagrado a los recursos del estado” y la calidad en la prestación de servicios. Tal vez a este periodista, el salario le alcance para pagar la electricidad, los equipos, el precio del transporte público, etc. Quizás los productos racionados de la libreta de abastecimiento le sean suficientes para alimentarse él y su familia, si la tiene. Me imagino que puede prescindir perfectamente de las demandas del mercado negro. Posiblemente, de su sueldo le quede para vestirse.

Se me olvidaba, los periodistas oficiales, constituyen uno de los sectores que tiene la posibilidad de viajar al extranjero. Privilegio que no tenemos el resto de los cubanos. Lo único que tiene que hacer es taparse los ojos y los oídos, para no pensar y repetir como papagayos, las consignas de los dirigentes, dueños del diario en el que escriben.

Para nadie es un secreto que esos viajecitos reportan ingresos adicionales y muchas otras ventajas económicas. Seguramente por eso se da el lujo de afirmar, que su opinión es una reproducción del debate social entre los vecinos; la pesquisa de un cubano decente que sentencia al ladrón, el indolente o el burócrata.

En esas condiciones, pueden darse el lujo de juzgar y sentenciar a ese taxista, a ese funcionario estatal, a ese técnico en refrigeración, de inescrupulosos, oportunistas y delincuentes; sin analizar las condiciones que los rodean y los motivos que lo llevan realizar esas conductas. Tal vez sus vecinos no tengan que transgredir la ley para vivir el día a día y sostener a su familia.

Tal vez Félix no se ha puesto a pensar que el aumento de la ilegalidad, es por el exceso de prohibiciones que ha impuesto un Estado, aun teniendo todos los medios a su alcance, y exigiendo el respeto sagrado a los recursos, que una vez dijo era del pueblo, es completamente incapaz de solventar las necesidades sociales.

Es fácil mirar solo una cara de la moneda. Desconocer los instintos básicos de los seres humanos y calificar de depredadores, y ahora también pichones que esperan con la boca abierta la comida de papá Estado, a los que sudan a diario e inventan de todo, para subsistir a la perpetua crisis económica.

Leyes hechas para ser infringidas

Laritza Diversent

Julia tiene 72 años de edad. En las tardes, después de las cinco, se sienta en la esquina. Es la hora de más tráfico en la calzada. Un banquito, y encima de sus piernas una tabla. Sobre esta exhibe el jabón nácar, la pasta perla, los cigarros de la cuota, chupachupas, refresco de paquetico, javitas de nailon.

No gana mucho, pero algo busca. El jefe de sector le ha llamado en varias ocasiones la atención. En cuba es un delito vender sin autorización de una disposición legal y la licencia de una autoridad. Ella se esconde, le da pena; pero no le queda otro remedio. Está consciente de que comete una ilegalidad. Sabe que la ley se hace para cumplirla, pero tiene que sobrevivir.

Mensualmente tiene que pagar la electricidad y comer. Esos son sus únicos gastos. Recibe al mes una pensión de 150 pesos moneda nacional mensuales (6 pesos en moneda libremente convertible). Le descuentan 60 pesos, por el pago de los equipos electrodomésticos. Sus hijos la ayudan, pero ellos también tienen familia que mantener.

 La actividad que realiza julia nunca la convertiría en una nueva rica. Es de reducida significación económica. Por vender en la calle nunca llegaría ante un tribunal. No obstante, constituye una contravención que se penan con una multa. A finales del año pasado, después del paso de los huracanes, tuvo que pagar una de trescientos pesos. Dos policías vestidos de civil la pescaron infraganti. Además le confiscaron toda la mercancía.

Tuvo que vender el doble para pagar la penalidad y recuperar la inversión de la mercancía perdida. Obtuvo el dinero con las ganancias de la venta. Pagó la infracción con más ilegalidad. No obstante, Julia considera que lo que hace, no daña a la sociedad. Para ella es peor robar o pedir limosna en la calle. Asegura que continuara infringiendo la ley mientras leyes sean hechas para ser transgredidas.

 

Supervivencia (II)

 

Laritza Diversent  

“El que con conocimiento de que se ha cometido o se intenta cometer un delito, deja de denunciarlo a las autoridades, tan pronto como pueda hacerlo; o con conocimiento de la participación de una persona en un hecho delictivo, no la denuncia oportunamente a las autoridades, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas” (artículo 161. 1 del Código Penal Cubano)

Imaginen lo embarazosos que sería denunciar a la persona que te vende el aceite para comer. Esa fue una de las cosas que más me chocó, cuando estaba punto de graduarme en la universidad. Obligatoriamente tenía que pasar mi servicio social como jueza o fiscal. Acusar o sancionar a las personas, gracias a las que puedo comprar la comida, ropa, zapatos a precios más baratos y acordes a mi salario, e incluso con oportunidades de pago, ventajas que no tenemos con los negocios estatales, no me parecía justo. De ahí la tolerancia social por las conductas prohibidas por la ley.

El gobierno también esta consiente de esta situación. Por eso creó una compleja red de denuncias en anonimato.  Delaciones que no son resultados de la observancia estricta por cumplir la ley o de la conciencia  por cumplir con un deber social. Son  producto de envidias, rencillas y bajas pasiones. Muestra de la pérdida de valores éticos en la sociedad cubana. Y sobre todo de la impunidad con que el gobierno se inmiscuye en la vida privada de los particulares.

Un aumento del nivel de vida de un vecino, le preocupa y molesta a otro, que en años de frustración ve su vida estancada. Una discusión o litigio por cualquier cosa: la música alta, una disputa entre hijos, o desacuerdo en cuanto a los límites de las propiedades colindantes. O porque es orgulloso y no saluda a nadie, etc.

Cualquier asunto puede ser el estimulo inicial para dar un chivatazo a las autoridades de que un vecino está haciendo cosas ilegales. Esta es la principal fuente de información de la que se nutren  las autoridades para arremeter contra los nuevos ricos que pudieran representar un peligro real al ejercicio del poder político, en mano de la dirigencia histórica. Es cuestión de necesidad, pero también es retorcido.

 Por eso vivir en cuba es algo complejo. Para lograr un propósito, satisfacer determinadas aspiraciones o para lograr un sueño, hay que transgredir la ley. Incurres en un delito cuando tolerar que otros la transgredan, y corres el riego de ser denunciado, por simple placer o por sentimientos mezquinos de alguien. Parece incomprensible, pero así es como se desarrolla la supervivencia en cuba.

Supervivencia (I)

Laritza Diversent  

Vivir en cuba se ha vuelto en extremo complejo. Para todo hay que correr riesgo, incluso para sobrevivir. No hablo de pérdidas o ganancias en el desarrollo de una empresa. Me refiero a que en casi todos los contextos cotidianos hay que recurrir a la ilegalidad.

Si compra algo que tenga procedencia dudosa se comete el delito de receptación. Si vende, el de especulación. Si compra para revender, acaparamiento. Cada figura delictiva del código penal está diseñada de tal manara, que abarca disimiles situaciones de hecho de la vida diaria.

Conductas que en nada representan un peligro para la sociedad, están previstas en la legislación como acciones antijurídicas. Con certeza lo único legal es trabajar en un centro estatal, estudiar y comprar los mandados de la bodega. Hacer otras cosas es caminar en el filo de la ilegalidad.

De esa situación están consiente las autoridades. Los agentes de la policía paran diariamente en la calle,  cientos de individuo bajo la sospecha de que cometen un delito. Quizás tengan alguna estadística que asegura que cada cinco minutos el 20 % de la ciudadanía realizan una acción delictiva; o tal vez todos tengamos cara de delincuentes. 

Lo cierto es que los Registros en la vía pública van en contra de la dignidad del ciudadano, pero no importa hay que revisar todos los bolsos, mochilas, jabas abultadas, etc., y hacer que se cumpla la ley. “Institucionalidad, orden y disciplina”, es la última consigna.

En casa sucede lo mismo. En cada cuadra un comité que  “vigila”  no se cometa ilegalidades. Pero todos estamos consientes de que los vecinos tienen algún negocio. Nadie vive con el salario mensual. Una de dos o recibes remesas o le robas al estado.

El primero es el presidente del Comité de Defensa de la Revolución, que ‘echa palente’ a cualquiera, pero tiene un banco de películas pirateadas. Camina todas las tardes alquilando novelas, series y los programas del canal 41 de la televisión de Miami.

Se saben a qué se dedica el vecino, no por curiosidad, más bien es necesidad. Llegas del trabajo y te encuentra que se acabó el aceite para cocinar, agarras una botella y preguntas en el  barrio. Rápido alguien te dicen quien vende y quien tenía hasta ayer por la tarde. Así sucede si no tiene pesos convertibles y necesita comprar detergente, jabón, salchicha, etc.; o si tiene la hemoglobina baja y requieres comprar carne de res.  

A pesar de vivir prácticamente en la ilegalidad, los cubanos tienen el deber de denunciar todo los hechos que transgredan la ley. El incumplimiento de dicha obligación, está previsto en el Código Penal como un delito. Quiere decir que hacerse el de la vista gorda ante estas conductas también es una infracción.