Emigración, Justicia, Mi Isla, Politicas, Resignacion

Escarmiento

De una parte la Ley de Ajuste, de otro, las restricción al derecho de entrada y salida del país. En el medio, los cubanos desesperados por irse a cualquier parte. No importa cuánto, tampoco como, están dispuestos a pagar lo que sea en busca de oportunidades.

Sobran las historias de isleños que se colocan en manos de contrabandistas para entrar como indocumentados en los Estados Unidos. El costo del viaje aumenta a medida que se perfeccionan el sistema para reprimir la actividad delictiva a nivel internacional. Hoy sobrepasa los 10000 dólares por persona.

Las vías son varias: a través de un tercer país o lanchas, las mayorías de las veces sobrecargada. Los naufragios son imposibles de registrar, tampoco las vidas perdidas en altamar. En ese sentido, los esfuerzos internacionales por reprimir el tráfico de personas, son insuficientes. Principalmente porque los intereses nacional e internacional no se complementan.

Por ejemplo, el Protocolo Contra el Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra Mar y Aire, entiende por tráfico, la facilitación de la entrada ilegal de una persona en un Estado, de la cual ésta, no sea nacional o residente permanente, con el fin de obtener un beneficio financiero o de orden material. La legislación cubana tiene otra definición del tema.

Para el Código Penal, tráfico es la penetración en el territorio con la finalidad de realizar la salida ilegal de personas. No importa el móvil. Siempre que haya ánimo de lucro están dispuestos a sancionar. Lo mismos da, que haya beneficios materiales o financieros, que sentimientos familiares.

Por ejemplo el Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana, en la sentencia 172 del 2008, que condena a 4 cubanos, 3 de ellos residentes en los Estados Unidos expone que “el actuar de los acusados…estuvo motivado por el afán de la reunificación familiar impedida por el férreo bloqueo y la violación constante del gobierno de los Estados Unidos de las políticas migratoria y la imposición de la ley de ajuste cubano”.

Para la justicia cubana es intranscendente que haya dinero de por medio o sólo sea el intento de reunificación familiar. Lo importante es dar un escarmiento.

Laritza Diversent

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Camellos, Constitución cubana, Economía, Hambre, Periodo especial, propiedad socialista, Resignacion

Época traumática (III)

Laritza Diversent

La adolescencia

Si en la niñez el periodo especial me marco profundamente, mas lo hizo en mi adolescencia. Mi primer periodo menstrual, trapos doblados y ardor. En la farmacia comienzan a dar un paquete de intima por mujer. 10 almohadillas,  no alcanzan. Mami se sacrificó y las que le tocaba, me las dejó a mí.

No hubo fiesta de quince ni fotos. Solo un vestido de uso, 300 pesos. Los ahorros de mamá  en seis meses. Para la ocasión, me tocó, por la libreta de abastecimiento, 5 cajas de cerveza, un cake, 50 panes, 5 botellas de ron y otro tanto de refresco sirope. Las cervezas dieron 40 dólares, un par de zapato y una blusa para mí, un pantalón para mi mamá y un par de zapatillas, para cada uno de mis dos hermanos.

Mi primera salida de noche: El disco-vianda. En el agro del reparto, ponen música grabada. Una odisea para elegir la ropa de la noche. No había para escoger, pero era necesario combinar, para no repetir. El fin de semana pasado había usado la misma. El creyón labial mezclado con lápiz para ojos, nos daban diferentes tonalidades para el maquillaje.

Los zapatos, para el taller, eran los mismos de ir a la escuela. Los pobres no podían más, salían andando solos cuando mes los quitaba. Si eran blancos se pintaban con pasta de diente perla, que también era el remedio para la acidez.  Los de colores oscuros siempre terminaban negros. Tenidos con una tinta de formula especial. El tizne que producía el fogón de Keroseno en las cazuelas, con alcohol.

Los nuevos venían cuando los viejos no admitieran otro remendón. Las puntillas me tenían agujereados los pies ¡A un gustazo un trancazo!  Aguanta si quieres divertirte.  Si te dejaban en la calle, amárralos, el mismo cordón o un alambre resolvía el problema.

En la disco, la oscuridad para disimular los muchos remiendos del atuendo. En una sola libación, el trago de chispa de tren, para quitar la pena, mejor dicho, la vergüenza. La noche divertida: baile y música. El keroseno, que decían era ron, ponía las cabezas mala. De momento, discos de acero de 5 y 10 Kg volando por los aires, cadenas con ganchos danzando, piñazos y bofetones, ¡tremendo corre…corre!, a esconderse debajo de los vianderos, hasta que se calme la tormenta.

Una época Inolvidable y traumática también, un tiempo que marco a todo cubano con uso de razón. Una línea que aun asciende y desciende por debajo de cero. Creatividad y supervivencia, entre ambas: escases, privaciones y más miseria.

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