Constitución cubana, Derecho de propiedad, Economía, Formula, Periodo especial, Picadillo de soya, proteina vegetal, Violación

Época traumática (II)

Laritza Diversent

Innovaciones cubanas

los camellos (metrobus)

Fueron muchas las innovaciones culinarias. El picadillos de cascaras de plátano verde, cuando se hervía, se ponía oscuro y creaba ilusiones en las mente de los cubanos.  Había quien lo sazonaba bien, y se hacia la idea que comía picadillo de res. Lo mismo sucedió con el bistec de corteza de toronja, o de frazada de piso.

El combustible desapareció. Ningún cubano podrá olvidar cuantas horas tuvo que esperar por una guagua, que pasaban tres veces al día, llenas  y con personas colgando de las puertas.

 Lo Apagones siniestros de más de doce horas. Los mechones de luz brillante que te teñían los mocos de negros. Botellas con pequeñas dosis de Keroseno y un trapo enrollado, iluminaban las calurosas noches, llenas de mosquitos.

Los ventiladores de motores de lavadora, que tanta gracia le dio al comandante, cuando inicio su revolución energética y los cambios de equipos electrodomésticos.  Después que desaparecieron, muchos intentan explicarse, como pudieron dormir profundamente, por tanto tiempo, con el ruido que producían aquellos aparatos: un avión en pleno vuelo toda la noche. Mi mamá tenia uno. Recuerdo bien que echaban un aire que congelaba, ni calor ni mosquitos, así si se podía dormir. 

Para sustituir importaciones los cubanos también hicieron aportes: el nono. El fogón ahorrador, como el personaje tacaño de la novela brasileña del momento. Un tanque  de metal de 55 galones, encima una rejillas donde se colocaba la cazuela, en los laterales huecos para que saliera la humacera, producto de la combustión del aserrín de la madera o de la leña.  

En materia de vestuario también hubo contribuciones. Las zapatillas de tela, parecidas a las de ballet, pero con suela de cámara de tractor. Mi madre cortaba las patas de sus pantalones para sacarme shorts y blusas.

Una época que aun dejó secuelas en cuba: el picadillo de soya o de proteína de vegetal, que saben a rayo encendido. También el de viseras de pollo, que mezclado con harina, da la fórmula para el pan con jamón-nada de la merienda escolar.

Imagen camello 4

Estándar
Declaración Universal de los Derechos Humanos, Derecho de propiedad, Economía, Iniciatica económica privada, Justicia, Propiedad estatal, propiedad individual, Violación

Prohibida la iniciativa económicast

Laritza Diversent

vendedores

Para garantizar el desarrollo programado del país; fortalecer el sistema socialista; satisfacer las necesidades materiales y culturales de la sociedad y los ciudadanos; el Estado cubano limitó las facultades de disposición de sus gobernados sobre los bienes comunes y les prohibió ejercer la iniciativa económica privada.

Les prohibió vender y gravar ciertos bienes que conforman su patrimonio individual (fundamentalmente los inmuebles). Otros actos jurídicos que impliquen la trasmisión de dominio, le fueron seriamente limitados. Por ejemplo, para permutar, donar, ampliar, etc.; una vivienda se necesita la autorización estatal. Obtener esta última, significa, cumplir con una interminable lista de requisitos legales, condiciones y trámites burocráticos.

Unido esta prohibición de carácter administrativo, se unen otras de carácter penal relacionado con la iniciativa económica privada. El artículo 228 del vigente Código Penal prohíbe, a los ciudadanos, realizar cualquier actividad de producción, transformación o venta de mercancías o prestación de servicios de las autorizadas legal o reglamentariamente, sin poseer la licencia correspondiente.

También sanciona al que realice alguna actividad económica, no autorizada en forma expresa por disposición legal o reglamentaria. En todo caso se prohíbe expresamente la contratación de mano de obra, aun teniendo licencia, para ejecutarlas las actividades reglamentadas. A estas sanciones se les une, la accesoria de confiscación de bienes.

Estándar
Ilegalidades en cuba, Iniciatica económica privada, Propiedad colectiva, propiedad socialista, Violación

Leyes hechas para ser infringidas

Laritza Diversent

Julia tiene 72 años de edad. En las tardes, después de las cinco, se sienta en la esquina. Es la hora de más tráfico en la calzada. Un banquito, y encima de sus piernas una tabla. Sobre esta exhibe el jabón nácar, la pasta perla, los cigarros de la cuota, chupachupas, refresco de paquetico, javitas de nailon.

No gana mucho, pero algo busca. El jefe de sector le ha llamado en varias ocasiones la atención. En cuba es un delito vender sin autorización de una disposición legal y la licencia de una autoridad. Ella se esconde, le da pena; pero no le queda otro remedio. Está consciente de que comete una ilegalidad. Sabe que la ley se hace para cumplirla, pero tiene que sobrevivir.

Mensualmente tiene que pagar la electricidad y comer. Esos son sus únicos gastos. Recibe al mes una pensión de 150 pesos moneda nacional mensuales (6 pesos en moneda libremente convertible). Le descuentan 60 pesos, por el pago de los equipos electrodomésticos. Sus hijos la ayudan, pero ellos también tienen familia que mantener.

 La actividad que realiza julia nunca la convertiría en una nueva rica. Es de reducida significación económica. Por vender en la calle nunca llegaría ante un tribunal. No obstante, constituye una contravención que se penan con una multa. A finales del año pasado, después del paso de los huracanes, tuvo que pagar una de trescientos pesos. Dos policías vestidos de civil la pescaron infraganti. Además le confiscaron toda la mercancía.

Tuvo que vender el doble para pagar la penalidad y recuperar la inversión de la mercancía perdida. Obtuvo el dinero con las ganancias de la venta. Pagó la infracción con más ilegalidad. No obstante, Julia considera que lo que hace, no daña a la sociedad. Para ella es peor robar o pedir limosna en la calle. Asegura que continuara infringiendo la ley mientras leyes sean hechas para ser transgredidas.

 

Estándar
Derechos humanos, Ilegalidades en cuba, Justicia, Leyes en cuba, Violación

Supervivencia (I)

Laritza Diversent  

Vivir en cuba se ha vuelto en extremo complejo. Para todo hay que correr riesgo, incluso para sobrevivir. No hablo de pérdidas o ganancias en el desarrollo de una empresa. Me refiero a que en casi todos los contextos cotidianos hay que recurrir a la ilegalidad.

Si compra algo que tenga procedencia dudosa se comete el delito de receptación. Si vende, el de especulación. Si compra para revender, acaparamiento. Cada figura delictiva del código penal está diseñada de tal manara, que abarca disimiles situaciones de hecho de la vida diaria.

Conductas que en nada representan un peligro para la sociedad, están previstas en la legislación como acciones antijurídicas. Con certeza lo único legal es trabajar en un centro estatal, estudiar y comprar los mandados de la bodega. Hacer otras cosas es caminar en el filo de la ilegalidad.

De esa situación están consiente las autoridades. Los agentes de la policía paran diariamente en la calle,  cientos de individuo bajo la sospecha de que cometen un delito. Quizás tengan alguna estadística que asegura que cada cinco minutos el 20 % de la ciudadanía realizan una acción delictiva; o tal vez todos tengamos cara de delincuentes. 

Lo cierto es que los Registros en la vía pública van en contra de la dignidad del ciudadano, pero no importa hay que revisar todos los bolsos, mochilas, jabas abultadas, etc., y hacer que se cumpla la ley. “Institucionalidad, orden y disciplina”, es la última consigna.

En casa sucede lo mismo. En cada cuadra un comité que  “vigila”  no se cometa ilegalidades. Pero todos estamos consientes de que los vecinos tienen algún negocio. Nadie vive con el salario mensual. Una de dos o recibes remesas o le robas al estado.

El primero es el presidente del Comité de Defensa de la Revolución, que ‘echa palente’ a cualquiera, pero tiene un banco de películas pirateadas. Camina todas las tardes alquilando novelas, series y los programas del canal 41 de la televisión de Miami.

Se saben a qué se dedica el vecino, no por curiosidad, más bien es necesidad. Llegas del trabajo y te encuentra que se acabó el aceite para cocinar, agarras una botella y preguntas en el  barrio. Rápido alguien te dicen quien vende y quien tenía hasta ayer por la tarde. Así sucede si no tiene pesos convertibles y necesita comprar detergente, jabón, salchicha, etc.; o si tiene la hemoglobina baja y requieres comprar carne de res.  

A pesar de vivir prácticamente en la ilegalidad, los cubanos tienen el deber de denunciar todo los hechos que transgredan la ley. El incumplimiento de dicha obligación, está previsto en el Código Penal como un delito. Quiere decir que hacerse el de la vista gorda ante estas conductas también es una infracción.

Estándar