Tribunal suspende desahucio

 

Digital StillCamera

Laritza Diversent

El pasado 21 de enero, el Tribunal de la Habana suspendió el desalojo de Yamilé Barges Hurtado de su casa frente al hotel Cohíba y de los herederos de la otra permutante, en el Este de la Habana, previsto efectuarse el martes 22.

Según Barges Hurtado, un alguacil del órgano de justicia comunicó la decisión a los representantes de las organizaciones de masa de su vecindario, aproximadamente a las 5 de la tarde. El funcionario dijo que el órgano de justicia suspendió el desahucio por cuestiones de seguridad. “A mí nadie me aviso”, afirma.

Eleazar Yosvany Toledo Rivero, de 34 años, responsable de sacar a Yamilé de su propiedad, vía telefónica también informó la decisión a factores del barrio. Supuestamente el demandante avisó al tribunal desde el 18 de enero la imposibilidad de realizar el desalojo por falta de transporte.

El heredero excluido, solicitó al órgano de Justicia la nulidad de la permuta que realizaran ambas familias hace 10 años y el derecho a ocupar la casa de Yamile frente al Cohíba. El tribunal accedió sin haberle reconocido la propiedad.

No obstante el tribunal no desiste. Llamó a los herederos de Rivero Domínguez y los representantes de las organizaciones de masa del Vedado y del reparto Bahía, para una comparecencia, el próximo 25 de enero. “Tampoco me citaron”, agrega Barges Hurtado, quien asegura, el desalojo está planificado para el 5 de febrero.

Yamile supo de la suspensión por los herederos de la otra permutante y vecinos citados por el órgano de justicia. “Es una guerra psicológica”, asevera. El 15 de noviembre estaba previsto que ocurriera el desalojo y tampoco pasó. “No aguanto más, me tienen psiquiátrica, que pase lo que sea”, agrega.

En cuba no es común que los tribunales desahucien. Los desalojos, llamados “extracciones”, son realizados por la DMV, después de declarar ilegales a los ocupantes de un inmueble. En el caso de Barges Hurtados el órgano administrativo actuar cuando el TPP reconozca la propiedad a uno de los herederos en litigio.

Los herederos de la otra permutante intentan demandar a Eleazar para que demuestre su derecho a la vivienda y paralizar el desahucio. Yamile planea presentarse en el proceso como parte interesada. Necesita dirección letrada y solo los abogados afiliados La Organización Nacional de Bufetes Colectivos, única de su tipo en el país, pueden representarla ante los tribunales u órganos estatales. Ella no confía en ninguno.

Según Yamile para defenderse contrato los servicios de 3 abogados. La primera, la Lic. Clara Elena Díaz Olivera se le vendió con la contraparte, la Lic. Alba Rosa Perna Recio. Los otros al saber quién representaba al heredero excluido, dieron por perdido el caso.

Barges Hurtado afirma en el caso hay corrupción porque entre la jueza Dania Pardo García, ex presidenta de la sala juzgadora, hay relaciones de amistad. “En la última comparecencia, salieron a almorzar juntas”, comenta.

Anuncios

Impunidad ante brutalidad policial contra joven holguinero

Yaremis Flores

El destino de Alberto Lairot Castro cambió el 28 de agosto de 2007, con apenas 28 años. Dos uniformados, Héctor Luis Pérez Osorio y Frank Ochoa Angulo, le aplicaron una técnica no permitida en los programas de defensa personal, del Ministerio del Interior. Le provocaron secuelas irreversibles.

El joven holguinero festejaba ese día en el Estadio de Béisbol “Calixto García”, en Holguín. Había ingerido algunas bebidas alcohólicas, pero no llevaba armas blancas ni atentó contra nadie. Tuvo un incidente con unos policías y fue conducido a la Unidad del municipio por un presunto delito de Resistencia.

En la estación, los policías llevaron a Lairot Castro al área de los calabozos. Alberto se negó a entrar en la celda. Su corpulencia obligó la acción de varios guardias. El subteniente Frank lo agarró por detrás y lo inmovilizó con la llave conocida por ‘Doble Nelson’. Héctor, el capitán, lo tomó por los pies. Ambos depositaron al detenido en el calabozo.

Llave Doble Nelson aplicada a Alberto
“Sentí que me traqueó el cuello. Al pasar unos minutos comencé a gritar porque no me sentía las piernas” confesó Alberto, quien fue sometido a cirugía de inmediato.
Los términos médicos, no ayudan a comprender la gravedad del asunto. Quizá fuera más compresible si dijera que Alberto tiene una lesión en la médula espinal y no puede mover sus piernas. Tiene músculos atrofiados. El reposo diagnosticado propició la aparición de escaras.

La Fiscalía Militar consideró suficiente la sanción de 2 años de prisión-remitidos de forma condicional- como castigo a los policías, por el delito de Lesiones Graves. En la audiencia, los doctores Jaime Oliveros y Frank Fernández concluyeron que la lesión fue provocada por la ‘Doble Nelson’ aplicada y el posterior traslado al calabozo.

No obstante, esas declaraciones fueron desestimadas. Los jueces del Tribunal Militar de Holguín señalaron en su sentencia “los policías aplicaron la técnica de manera oportuna y profesional”. Agregaron que Lairot Castro se autolesionó al forcejear y evitar entrar a la celda.

Los abogados defensores invocaron la inocencia de los oficiales. Ampararon su alegato en que “el causante de un daño en cumplimiento de su deber no es responsable penalmente”. Ese es el momento en el que cualquier jurista puede avergonzarse de su profesión.

No faltaron los halagos a los acusados. Refiriéndose a Pérez Osorio los magistrados consignaron “cumplió con sus funciones de 2do jefe de la Policía de Holguín, ha sido un militar disciplinado y no es violento” Respecto a Ochoa Angulo, “goza de prestigio y autoridad, destacado en el enfrentamiento al delito”. La opinión de los juzgadores sobre Lairot Castro fue diferente. “Estaba agresivo, presumía en el barrio de su fortaleza física y vestía ropas ceñidas para exhibir su musculatura”.

El tribunal absolvió a los uniformados. Casi cinco años después, Alberto Lairot aún no está curado. Sus facultades se deterioran día a día, ante la mirada dolorosa de su madre, quien lo acompaña en el hospital. Ya quedó atrás su época de joven atlético. Sin embargo, el hecho quedó impune.

Miembros de los cuerpos represivos actúan por cuenta propia

Un Estado de Derecho, se basa en la legalidad, el respeto a las libertades civiles y la igualdad jurídica. Implica también, el control judicial sobre actividad gubernamental, para romper la impunidad del Estado ante sus propios actos. Sin embargo, la ilegalidad en Cuba se ha convertido en una práctica extensiva, principalmente de los órganos estatales.

Es normal que, un policía o miembros de la Seguridad del Estado, cite a un ciudadano. Sin embargo, los únicos legalmente facultados para realizar este acto, son el instructor, el fiscal o el tribunal. Los uniformados son agentes de la autoridad, cuando más, sólo pueden realizar la entrega del documento.

Los agentes realizan, sin título legítimo, actos propios de una autoridad o de un funcionario público, atribuyéndose carácter oficial. Un delito regulado en el Código Penal, bajo el título de “Usurpación de Funciones Públicas”.

El ciudadano desconoce que, en estos casos, puede denunciar a los usurpadores, ante la fiscalía militar. Aunque difícilmente le acepten una acusación de este tipo. La impunidad en el sistema estatal, llega a niveles insospechados, al igual que el desconocimiento de los procedimientos penales.

También es común, que en la advertencia, por la inasistencia injustificada al llamamiento oficial, los agentes de la autoridad adicionen un 0 a la cifra legalmente establecida. . La ley exige, la primera vez, la imposición de una multa de 50 pesos, la segunda, procesamiento penal por desobediencia.

En el aviso, los policías y miembros de la Seguridad del Estado, advierten que la contravención es penada con 500 pesos. La ley obliga concurrir al llamamiento de una autoridad, siempre que esta cite con las formalidades legales. La cifra “inflada” es una forma de coaccionar e impedir el ejercicio de los derechos reconocidos.

La no observancia de los procedimientos penales, se derivan del exceso de poder, que otorga el estado a los órganos represivos, en detrimento de las libertades civiles y seguridad jurídica ciudadana. Hecho que permite, a los funcionarios estatales y agentes de la autoridad, ignorar las normas legales y actuar por cuenta propia.

Laritza Diversent

Proceso legal para citar oficialmente a un ciudadano

La ley procesal regula, aunque de forma dispersa, un procedimiento para la misma. En principio la autoridad debe fundamentar, mediante resolución judicial (auto), ante el secretario del tribunal, los motivos de su decisión. Luego el funcionario judicial la firma y expide la respectiva cédula de citación. El proceso debe garantizar, que los ciudadanos, no sean molestados innecesariamente.

Según el artículo 91 de Ley de Procedimiento Penal (LPP) la citación oficial se practica, “a mas tardar, al siguiente día de dictada la resolución…en virtud de la cual se haya de hacer la citación…” Significa que el primer paso de una autoridad que pretenda citar a un ciudadano será dictar una resolución judicial.

De lo expuesto en el artículo 177 de la LPP se desprende que esa resolución judicial ha de adoptar la forma de auto: “cuando sea urgente el examen de un testigo podrá citársele verbalmente, para que comparezca de inmediato, sin esperar a la expedición de la cédula a que se refiere el artículo 86, haciéndose constar en los autos el motivo de la urgencia“.

El artículo 43 de este cuerpo legal aclara que los autos se redactan y se firman por el instructor, el fiscal o todos los jueces del tribunal, según el caso, y el secretario actuante. De ahí que el primer requisito que ha de cumplir la citación oficial es la expresión de la autoridad que la dispuso y la firma del secretario.

El cumplimiento de este requisito legal es de fácil comprobación. La Ley procesal en su artículo 35 establece que “Todo escrito que se presente o se reciba (en el tribunal) se anotará en el libro que a dicho efecto se llevara”. Por otra parte, la propia ley exige que “Las actuaciones y diligencias de la fase preparatoria se hace constar por escrito, las que integraran el expediente…” (Art. 108 Ley de Procedimiento Penal).

Conclusión: la resolución que solicita la citación a un ciudadano ha de constar por escrito en el expediente investigativo y en libro que lleva el secretario judicial, a tal efecto.

Laritza Diversent